No era fachosfera, es periodismo
En democracia no hay poder sin contrapoder. Y no hay contrapoder sin oposición ni prensa libre. Por eso, cuando un medio como ESdiario cumple 25 años no sólo celebramos la trayectoria de una cabecera, sino que reivindicamos el papel esencial del periodismo para la salud democrática de nuestro país

(Foto de ARCHIVO) El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, durante una rueda de prensa posterior a la reunión del Comité de Dirección del PP, en la sede del partido
En contra de lo que se podía pensar hace pocas décadas, los medios digitales no hacen una fiscalización virtual del poder. En un ecosistema ferozmente competitivo, con menos recursos y marcado por la urgencia, se abren paso los profesionales que investigan, contrastan y publican –incluso cuando eso incomoda al poder– en tiempo récord. Es eso lo que, precisamente, engrandece a un medio y fortalece a una democracia en el siglo XXI. Ni el servilismo, ni la propaganda, ni la cobertura amable. Sí la vigilancia crítica e independiente en un contexto donde la inmediata es ley y las noticias, publicadas minuto a minuto, son fedatarias de un mundo tremendamente volátil y complejo.
Por ello, y frente al criterio de quienes demonizan lo que no controlan, tengo el convencimiento de que el periodismo es más importante que nunca. Porque sólo el periodismo –el periodismo de verdad– puede combatir las noticias falsas que proliferan a borbotones a través de las redes sociales, determinadas terminales propagandísticas y, desgraciadamente, algunas instituciones públicas.
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Puede que el periodismo incómodo no sea suficiente para detener los desmanes de un mal gobierno, pero lo que es seguro es que un periodismo dócil es necesario para quienes necesitan ocultar la verdad para alcanzar sus metas políticas.
Todo lo expuesto cobra un mayor sentido si se analiza, aunque sea sucintamente, lo sucedido entre el 10 de noviembre de 2023 y el 19 de junio de 2025. Es decir, entre la sesión de investidura en la que Pedro Sánchez verbalizó su intención de construir un “muro” para dividir a los españoles y la publicación del llamado Informe Cerdán, el hasta el momento último capítulo de la corrupción del 'caso PSOE' que investiga la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil y cuya información ya forma parte de los sumarios investigados en el Tribunal Supremo.
Una de las claves de ese muro ideológico y moral, hecho de ladrillos de polarización, era desacreditar cualquier información que incomodara al Ejecutivo. Un telón de acero psicológico cuyo principal pilar consistía en tildar de bulo y fango todo aquello que viniera de lo que bautizaron como fachosfera. No obstante, la verdad es tozuda y tiene una cualidad insobornable: siempre se acaba abriendo paso.
El demoledor informe de la UCO conocido en junio, un sórdido guion de película en el que tres de los cuatro miembros del coche de las primarias de Sánchez–el cuarto es él mismo– ha derribado más de una barrera mental. Una grieta en el muro de quienes, durante años, se dedicaron a desacreditar a periodistas y medios por sus informaciones y hoy se han quedado yermos de argumentos para explicar por qué callaron donde otros acertaron porque se dedicaron única y exclusivamente a informar.
Si el muro de Sánchez ya no actúa de dique para contener la realidad es porque medios como ESdiario informaron. Porque no era fachosfera, es periodismo. El mejor homenaje que podemos rendir en un aniversario como este es reafirmar la vigencia, el valor y la utilidad del buen periodismo. Por otros veinticinco años de verdad.