18 de marzo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Hacia una Universidad de dos velocidades?

 

 

He dedicado más de 25 años a desarrollar mi experiencia profesional en la Educación Superior, tanto en el ámbito de gestión universitaria como en el científico-técnico.  Como profesor en ejercicio, observo actualmente la existencia de dos grandes grupos de alumnos en la Universidad:  los que han llegado “inercialmente” a ella sin la motivación ni la vocación adecuadas;  y aquellos otros que teniendo la vocación y la motivación, creen que para alcanzar sus objetivos tienen que hacer una serie de cosas que no son realmente las que deben hacer ni, por cierto, por las que van a ser valorados en el mercado laboral

No parece posible que ambas visiones coexistan, a no ser que se opte por una especie de “Universidad de dos velocidades”. ¿Es este el futuro?

La característica más destacada del grupo de alumnos desmotivados y desorientados es que poseen un conocimiento terriblemente impreciso del para qué y el por qué de su estancia en la Universidad: desconocen si la carrera elegida, muchas veces por mera eliminación, es la adecuada a su formación, incluso a su forma de ser, y, sobre todo, si cubrirá sus expectativas, no sólo profesionales sino vitales.

¿Qué hacer con estos alumnos? ¿Son aptos para la Universidad? ¿Cuáles son sus posibilidades reales de éxito académico en el entorno universitario? ¿Comprometen estos alumnos el funcionamiento de la Universidad, tal y como tradicionalmente ésta ha sido entendida? Estas preguntas son legítimas, hasta el punto de que no poca literatura dedicada a la innovación universitaria pasa por proponer y diseñar acciones que estimulen el aprendizaje de este alumno intelectualmente “inapetente”, y, en general, poco reactivo.

El otro grupo

El segundo grupo de alumnos, el constituido por aquellos que, con una motivación clara, concernidos del reto que tienen ante sí, y conscientes de su escasa preparación real para él, a causa del lamentable estado de la educación secundaria y el bachillerato españoles, también necesita ayuda en la Universidad.

 

 

Esto es particularmente evidente en los centros universitarios dedicados a la formación de ingenieros y arquitectos, en los que desde hace unos diez años, son frecuentes los denominados ”cursos cero” que buscan la “aclimatación” de este alumno inmaduro, pero reactivo. Este modelo, con variantes, empieza a ser empleado en otros centros, bajo la denominación de “jornadas de orientación”, que pueden ser de hasta semanas.

 

Creo que lo anteriormente expresado describe bastante bien el contexto académico universitario en el primer año en la Universidad. Es un contexto en el que, si no se rebajan los estándares de exigencia académica, domina el fracaso y la frustración de un alumno que no acaba de entender por qué fracasa, especialmente cuando el sistema del que procede le ha etiquetado como “un buen alumno de Bachillerato”. Hoy, en un proceso de degradación educactiva que viene de lejos, ser “un buen alumno de Bachillerato”, lamentablemente, significa muy poco. 

Desde hace diez años son frecuentes los denominados ”cursos cero” que buscan la “aclimatación” de este alumno inmaduro, pero reactivo

Frente a esta situación, hay quienes abogan por una adaptación de la docencia universitaria al nuevo alumno que llega a las aulas, reduciendo los estándares de exigencia, y centrando los esfuerzos en mejorar la motivación de éste, aunque sea a costa de trivializar las disciplinas, o convertir al profesor en un “entretenedor de alumnos”.

Un problema educativo, no tecnológico

Por contra, hay quienes prefieren que la innovación educativa se centre en mejorar la efectividad del aprendizaje de los “realmente interesados en aprender”, quizás con un uso bien dirigido de las nuevas tecnologías, pero siendo conscientes de que el  problema no es de naturaleza tecnológica, sino educativa.

No parece posible que ambas visiones coexistan, a no ser que se opte por un ente amorfo, una especie de “Universidad de dos velocidades”. ¿Es este el futuro?

 

David Santos es Director de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad CEU San Pablo y responsable del Laboratorio de Innovación Educativa Universitaria (LIEU).

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