La derecha inteligente

Puede que un discurso duro guste a una parte de tu electorado, pero no sirve para ganar unas elecciones

Uno de los debates esta campaña era si la derecha debía ser ‘una derecha cobarde’ o una derecha valiente, como así se vendía Vox. Si ser una derecha auténtica, sin complejos, para hacer frente a la izquierda.

Al final, el resultado ya lo conocen: la autollamada derecha valiente se ha quedado en 24 escaños, restando al resto de derechas votos que han impedido alcanzar muchos escaños donde no los obtenían. Ser ‘tan valiente’ sólo ha servido para que Sánchez se fortalezca y se perpetúe en el poder.
Yo creo que el debate no está en ser una derecha más o menos valiente, sino en ser una derecha inteligente. ¿De qué sirve ser tan valiente si no consigues ganar unas elecciones y sólo logras fortalecer con tu discurso a la izquierda? Ahí está lo de inteligente.

Puede que un discurso duro guste a una parte de tu electorado, pero no sirve para ganar unas elecciones, como se comprobó el pasado domingo. Y en política, el objetivo de un partido, sobre todo de un partido como el PP, debe ser ganar las elecciones.

Así por cierto es como se para a la izquierda, esa que venía a reconquistar Vox sin lograrlo, y no con discursos altisonantes que generan mucho tuit, mucho ruido mediático, pero te dejan como quinta fuerza y lastran al resto de las formaciones de centro derecha.
Dicho claramente: de nada sirve ser la derecha valiente si no te votan y no ganas elecciones. Ni a Vox, ni al PP, ni a Cs, ni a nadie. Hay que ser una derecha inteligente, útil, que sepa aunar todo el espectro que está a la derecha del PSOE y así ganar elecciones. Lo que planteo no es nada novedoso, fue una de las claves del éxito del PP en la década de los 90 y de principios de este siglo.

Si Aznar logró ganar a la todopoderosa máquina socialista del felipismo fue porque supo sumar en un mismo proyecto a liberales, conservadores, democristianos, reformistas o regionalistas moderados, y desde la unión, hacer la fuerza. Obviamente, todas estas ‘familias’ tuvieron que ceder. Habrá cosas que si eres más liberal o más democristiano te gustarán más o te gustarán menos, pero la esencia de los valores compartidos del centro derecha (como la economía de mercado, la libertad, el avance social desde la moderación, etc) eran el pegamento de todos.
Hoy en cambio, algunos en la derecha se rasgan las vestiduras autoproclamándose guardianes de las esencias y señalando al resto como cobardes o blandos, convirtiendo la derecha en toda una serie de partiditos y corralitos desunidos incapaces de ganar a la izquierda, como vimos el domingo.

Hoy el PSOE y la izquierda se frotan las manos: han conseguido dinamitar el gran éxito de la derecha, su unión, para devolverla a los años 80. La derecha no debe ser más o menos valiente, debe ser inteligente, y además de conseguir la unión, saber en qué sociedad juega la partida. Y para ganar, hacerlo desde una centralidad de discurso si no quiere ser una opción minoritaria. Esto no es ser cobarde, es ser listo.
La sociedad española, nos guste o no, tiene una tendencia socialdemócrata que huye de debates muy ideologizados. Será por los medios, por los años que el socialismo ha dominado, etc (lo de las causas da para otro artículo) pero es así.

Y la derecha, si no quiere movilizar la reacción de la izquierda y perder el centro, como ha pasado en estas elecciones, debe huir de debates maximalistas que sólo complacen a un 10% y centrarse en aquello que une al 50%: la gestión, el empleo, la bajada de impuestos, la moderación, la defensa de la unidad de España, mirar al futro y no al pasado (como busca la izquierda), la reforma de la educación, la cultura del esfuerzo… Todo aquello que cualquier votante a la derecha del PSOE, de Cs, PP o Vox, puede compartir sin problemas. Y hablar de esto no es ser cobarde, es ser inteligente. Y sólo ahí, y en la unidad, se logrará ganar.
Y, por cierto, esto no implica que luego uno renuncie a sus principios propios sobre temas como el aborto, la ley de violencia de género, etc, sino que eso no debe ser hilo central de tu discurso, y menos para atraer a la mayoría de los votantes. Salvo que, por supuesto, tu único objetivo sea sacar unos pocos escaños para mantenerte sin que te importe tres pitos que el socialismo y la izquierda sigan dominando. Entonces, no habrás sido ni valiente ni inteligente, sino el más cobarde de todos.

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