25 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Es normal que los niños vayan al cole pero se evite el público en los estadios?

La duda sobre los efectos sanitarios de la vuelta al colegio es demasiado pesada, máxima cuando en otras actividades sí se reconoce un riesgo y se obra en consecuencia.

 

 

Hoy abren en muchas provincias de España las aulas de educación infantil. Los más pequeños vuelven, sin mascarilla, sin distancia social,  mientras las autoridades parecen confiarlo todo a que, en su caso, el virus tiene una afección mínima y su condición de grandes contagiadores está prácticamente descartada.

El resto de alumnos de Primaria, Secundaria y Bachillerato volverán en dos semanas. Y los universitarios, en octubre, salvo que el ministro del ramo, el desaparecido Manuel Castells, dé alguna sorpresa en las próximas horas por la evidencia de que los alumnos de esas edades aparecen en todas las quinielas como principales transmisores de Covid.

Las autoridades políticas dicen que hay que intentarlo, con el Ministerio de Educación como principal paladín de esa idea y ningún Gobierno autonómico en contra de ella. Y la comunidad científica se divide entre quienes defienden eso mismo y quienes lo tildan literalmente de locura, abonando con ello una incertidumbre insoportable.

 

 

Que se agrava al contrastar la cautela en tantos otros frentes con la barra libre que parece querer imponerse en la enseñanza. Por ejemplo,  la Liga de Fútbol no prevé partidos con público hasta Navidades. Y no lo da por segura siquiera esa fecha. Y en muchas administraciones públicas los trámites solo pueden hacerse on line, con ventanillas físicas cerradas y empleados dando el servicio desde su casa.

¿Pero hay tanta diferencia hay entre el riesgo de unas actividades presenciales y la falta de él en otras? Ninguna de calibre. Salvo tal vez una, derivada de un problema de conciliación  para las familias y de otro de imagen para los políticos, atropellados por el retorno sin los deberes hechos.

 

La sensación de que están probando a ver si la fortuna permite un arranque razonables se impone, pues. Aunque sea asumiendo el riesgo que se desecha en otros ámbitos y que, probablemente, condene a un cierre progresivo de los centros como está sucediendo, por ejemplo, en Alemania. Pero ya podrán decir todos que lo han intentado. Y quizá de eso se trate.

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