18 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Pedro Sánchez, el caníbal del coronavirus que presume de vegetariano

Pedro Sánchez, el bombero pirómano

Pedro Sánchez, el bombero pirómano

El líder del PSOE acumula récord mundial de muertos, parados y caída del PIB, pero da lecciones a todos y señala a Ayuso con el dedo inquisidor de un pirómano que se cree bombero.

 

 

Pedro Sánchez regañando a alguien por su gestión del coronavirus es como si un caníbal presumiera de vegetariano. Un oxímoron infumable, una contradicción espantosa, un ejercicio de hipocresía que, no obstante, encaja muy bien en un Gobierno plagado de gloriosos políticos del mismo patrón.

Ahí tienen a Yolanda Díaz presumiendo del dato histórico de subsidios de desempleo. O a Alberto Garzón vanagloriándose de la reducción de las apuestas deportivas con el deporte paralizado. O a Irene Montero, que da más positivo por COVID-19 que Lance Armstrong por clenbuterol, sacando pecho por todo.

Se diría que en el Ejecutivo hay una carrera por ver quién es el mejor combinando cinismo, arrojo y una inmensa capacidad para la mentira: están a punto, alguno de ellos, de destacar como logro de la pandemia el probable incremento de las horas de sueño o la reducción del gasto en bares, qué lugares, tan gratos para despotricar.

Pero entre todos ellos, el número uno es Pedro Sánchez, el responsable de la mayor vergüenza que hasta ahora hemos visto: convertir la situación de Madrid, la primera víctima de su imprevisión, en una excusa política para atacar al PP presumiendo, nada menos, de salvar vidas.

 

 

Es decir, si los socialistas las salvan, es porque los populares acaban con ellas. Se puede decir algo igual de repugnante, pero no más repugnante. Y lo más curioso es que se atreva a hacerlo el partido que, con los datos en la mano, más ha contribuido a que una pandemia global tenga los mayores efectos destructivos locales de todo el planeta.

Para el mismo virus, España ha conseguido tener en un día más muertos que Corea en toda la pandemia. Aquí vamos por casi 600 fallecidos por millón de habitantes; en Grecia están en 15. Y así con todos, con diferencias abrumadoras de mortandad que cada día intenta disimular y esconder Fernando Simón con juegos aritméticos malabares que solo engañan a quien se quiere dejar engañar. Que son muchos.

 

España tiene récord de muertos, de nuevos parados y de hundimiento del PIB, pero Sánchez quiere cargarle el mochuelo a la Comunidad que más ha pagado su escandalosa negligencia: Barajas estuvo abierta a Italia hasta el 10M por decisión del Gobierno; las manifestación del 8M y tantos otros eventos de masa se celebraron por la negativa del Gobierno a suspenderlos o aplazarlos.

Incluso las residencias de mayores, epicentro del drama, son competencia directa del Gobierno, que también el único en recibir las advertencias de la OMS y de la Unión Europea que, lejos de trasladar a las Comunidades para poner en marcha un plan de prevención, tiró a la papelera hasta que ya era tarde: el Estado de Alarma se decretó cuando el contagio masivo ya era un hecho.

Madrid lo ha pasado peor que nadie por la imprevisión de Sánchez, un Nerón de Pozuelo que toca la lira mienras todo arde

Antes, Moncloa ignoró la alerta y, en lugar de hacer correr a la gente tierra adentro para huir del tsunami que venía, la arrojó contra la ola. Que el pirómano se disfrace de bombero es muy habitual. Que además acuse a otro de propagar el fuego no es del todo infrecuente. Pero es casi imposible encontrar un caso en el, además de todo eso, siga prendiendo fuego al monte mientras grita "Yo no he sido".

Un plaga bíblica

Sánchez lleva camino de convertirse en la octava plaga bíblica. Y ha logrado que un partido esencial para estructurar España, como el PSOE, parezca una banda de cuatreros dispuestos a saquear cualquier granja para quedarse con las gallinas: no hay causa mala en la que los socialistas no se coloquen del lado equivocado y con las peores compañías.

Y todo ello es cortesía de Sánchez, un Nerón de Pozuelo capaz de ponerse a tocar la lira mientras arde su país y él tiene otra caja de cerillas por si acaso no termina de quemarse del todo: allí aparecerá siempre él para acabar con todo vestigio de vida inteligente. No sea que se noten las diferencias.

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