El Levante UD no es capaz de espantar a sus fantasmas

Bardhi se echaba las manos a la cabeza. No era para menos.

Bardhi se echaba las manos a la cabeza. No era para menos.

Levante 2 - Huesca 2. Una vez más, y van... los granotas se hunden víctimas de su falta de contundencia defensiva tras un muy buen primer tiempo.

El actual Levante de Paco López no deja de causar sorpresa. Y lo hace, precisamente, por caer un día tras otro en los mismos errores. Al igual que una semana atrás frente al Éibar, el primer tiempo resultó ser un compendio de todas sus virtudes. Sin embargo, la segunda mitad quedará otra vez como metáfora de todas sus carencias. Igual que el domingo pasado. El resultado también fue el mismo; ni más ni menos que el marcador base de éste frenético - y extraño - curso granota.

De la tómbola en la que termina por convertirse prácticamente cada choque que tiene al equipo dirigido por Paco López como protagonista aún no se hallaron atisbos durante los primeros 45 minutos. Sin permitir llegadas de la SD Huesca, el juego se movía en torno al ritmo que marcaban los locales y, en especial, Rubén Rochina.

Ya a los cinco minutos Roger no convirtió esta vez una oportunidad que no acostumbra a desaprovechar; el centro de Coke era rematado por el de Torrent con su potencia habitual, pero entre el meta visitante Santamaría y el travesaño imposibilitarían el tanto.

Bardhi, de falta, instantes después volvería a poner a meta los reflejos de un Santamaría que parecía enfrentarse a una larga jornada vespertina. A los 19 minutos, la internada con pase de la muerte final con el exterior de Morales ya era demasiado para un arquero oscense que vio como Roger empujaba el cuero a la red en lo que significaría el decimosegundo gol del "Pistolero" esta temporada. Tampoco el escenario iba a variar durante el último tramo del primer acto, con un cuadro altoaragonés excesivamente impreciso en sus despliegues ofensivos.

Ahora bien, parece ser el paso por los vestuarios lo que más negativamente afecta a los jugadores levantinistas últimamente en sus duelos en Orriols. Por incomprensible que parezca el cuadro visitante, apoyado en el revulsivo que la entradas al rectángulo de juego de Ferreiro y Juanpi Añor le conferían, se fue adueñando paulatinamente del control del juego; siendo esto algo especialmente dañino para un cuadro como el actual Levante UD, incapaz de leer de forma correcta un escenario de partido que le obligue al repliegue.

Poco tardaron los hombres de Paco López en comenzar a cometer absurdas faltas peligrosas. Precisamente esas que no acostumbran a saber contrarrestar. Enric Gallego remató a la perfección una de ellas, desafortunadamente libre de marca, en el segundo palo para igualar la contienda pasado el cuarto de hora de la reanudación.

No obstante, la vorágine de acontecimientos que acompaña a los choques del conjunto granota se trasladaría rápidamente a la otra área; allí fue- aunque sobre la misma línea- donde Mantovani derribó a Morales para que el madrileño aumentara sus también espectaculares cifras goleadoras desde los once metros ( 2-1 min. 66).

Pero si un parámetro que concierne a cantidades de goles resulta especialmente destacable, por lo aterrador del mismo, éste por desgracia no es otro que que el que hace referencia a los encajados por el Levante UD. Muy poco bastó, exactamente colgar otro balón al corazón del área tras libre directo, para que todas las inseguridades posibles se apoderaran de la zaga, a día de hoy, más insegura de Primera Divisón. Nadie acertaba a despejar, ni tan siquiera a hacer amago de ello, hasta que el argentino Chimy Ávila decidió sacar rédito de una de esas concesiones defensivas no por ya habituales menos sonrojantes. 56 goles encajados jalonan ya - es, en solitario el equipo más goleado de la competición - el presente historial de la parcela defensiva levantinista. Demasiados como para continuar en la máxima categoría.

 

 

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