23 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Susana Díaz y García Page tiemblan por la jugada de Sánchez que más les daña

Andalucía y Castilla-La Mancha viven una situación parecida para el PSOE: la foto de sus diputados votando con Bildu para echar a Rajoy brinda una oportunidad de rearme a los populares.

La llegada al Gobierno de España de Pedro Sánchez, tras pactar con los mismos partidos a los que sondeó en 2016 provocando una quiebra interna en el PSOE, ha sido una mala noticia para la práctica totalidad de los barones socialistas y buena parte de los alcaldes: la práctica totalidad teme que esa manera de aterrizar en La Moncloa, con los votos de los partidos de Puigdemont, Otegi, Junqueras e Iglesias; les pase a ellos factura en toda España.

La moción de censura ha derribado al Gobierno, sí; pero ha fidelizado a los militantes y seguidores del PP y le ha dado munición al partido para jugar a ganador en las Elecciones Autonómicas y Municipales de 2019, si antes no se convocan Generales.

Los diputados de Díaz y Page han votado junto a Bildu para elevar a Sánchez. Es un filón para el PP, se cree

Pero de entre todos ellos, hay dos casos donde el temor es especialmente agudo: Andalucía y Castilla-La Mancha. Susana Díaz se sentía muy tranquila con los sondeos y tenía prácticamente decidido adelantar sus comicios a este otoño mismo o, si las previsibles sentencias de los ERES lo desaconsejaban, a principios del próximo año.

Esa hoja de ruta ha saltado por los aires y el PP recobra fuerza bajo la batuta de Juan Manuel Moreno, con un argumento que se repite en el caso de Page en Castilla-La Mancha: los diputados de ambas federaciones forman parte de los 84 votos que, sumados a Bildu, PdeCat, ERC y Podemos, han desalojado a los populares. Con otro beneficio añadido, a juicio de los populares: Ciudadanos ha quedado dañado a ojos de los votantes de centroderecha y el PP tiene fácil señalarle como cómplice de la caída del Gobierno. Eso cree Génova, al menos, de forma unánime.

Un trago político

Si para Díaz pintan bastos, y de repente ha pasado a ser aliada de los partidos que más detestan esa idea de España tan andaluza, para Emiliano García Page el panorama no mejora. Ya gobierna con Podemos, para compensar su derrota frente a Cospedal en 2015, y ahora ha tragado con los nacionalistas y sus diputados en el Congreso votaron con ellos en la moción de censura.

 

 

Mientras se despeja la incógnita de quién encabezará la lista autonómica, bien la propia Cospedal o bien su leal Vicente Tirado, a Page se le amontonan los problemas políticas: en una sociedad tradicionalmente conservadora como la castellanomanchega, los pactos con Pablo Iglesias ya eran mal recibidos; ahora al sumar a ERC y compañía el paisaje se oscurece.

"El contexto nacional sopla ahora en favor de candidatos a las autonómicas y municipales si lo hacemos bien en Madrid, pero la clave seguirá estando en lo que hagamos en cada región y cada ciudad. Esto lo facilita, a un precio muy alto, pero no es suficiente", concluyen fuentes populares.

Las Autonómicas son ahora una baza para el PP, aunque el contexto nacional no será suficiente para sus objetivos

Y es que también hay temor a que Sánchez logre su propósito de demorar al máximo las Generales y agotar la legislatura. Aunque su Gobierno sea muy débil, el poder da un plus y la previsible aprobación de los Presupuestos de aquí a dos meses, pese a la trifulca en el Senado, le da cierta tranquilidad económica. No necesita hacer grandes cosas, creen, en un país en crecimiento, y le basta con contener a Podemos y al nacionalismo. "No es fácil, pero se puede ir tirando con gestos y eso siempre ayuda".

A la 'guerra'

En todo caso, la batalla autonómica será decisiva y el PP llegará a ella mejor de lo que, paradójicamente, estaba hace apenas una semana. Los temores de Díaz y Page son el emblema de un fenómeno que los populares, en esos ámbitos, van a explorar con las pinturas de guerra políticas tatuadas en el rostro.

 

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