21 de abril de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Contar con Vox y no caer en la trampa de un PSOE que pacta con Bildu

 

 

La irrupción de Vox en el panorama electoral ha tenido un primer impacto en Andalucía, donde sus votos van a ser decisivos para dar paso al más que probable pacto entre el PP y Ciudadanos que cerrará, felizmente, casi 40 años de régimen socialista en una de las comunidades con más potencial y peores resultados de toda España.

Casi todo lo que ocurre en las negociaciones previas a un acuerdo forman parte de una escenografía melodramática que, por lo general, no afecta al resultado: se trata de encarecer siempre el precio del acuerdo y de no dar a la opinión pública la sensación de que quedarse rápido con el poder es el único objetivo sobre la mesa.

Pero el papel que unos y otros quieren darle a Vox sí es una novedad y Andalucía es un ensayo de lo que puede ocurrir en otros lugares de España si, como parece probable, el partido de Santiago Abascal se asienta firmemente en ayuntamientos, comunidades y el propio Congreso.

¿Cordón sanitario?

De ahí que, rápidamente, la izquierda -desde el PSOE hasta Podemos, éste con más virulencia- hay intentado crear un lamentable e interesado cordón sanitario para dificultarle a sus rivales cualquier diálogo o acuerdo directo o indirecto con la nueva formación.

Contar con Vox es, además de inevitable, perfectamente legítimo. Y eso no significa suscribir  todas sus propuestas

Se trata estigmatizar a Vox para, a su vez, ponerle más difícil al centroderecha lograr la mayoría social que todos los sondeos indican desde junio de 2016, confirman dos Elecciones Generales y sólo han interrumpido los manipulados estudios del CIS con el socialista Tezanos al frente.

Que partidos que se han aprovechado de los votos de Bildu y, en general, de todo el independentismo, pretendan dar lecciones de pulcritud democrática, es un ejercicio de hipocresía lamentable y poco convincente en el que ni PP ni Cs deben caer.

Anticonstitucionales son los socios de Sánchez

Y que lo hagan apelando al supuesto carácter anticonstitucional de una formación caracterizada precisamente por su férrea defensa de la Constitución, una ironía. El PSOE ha llegado a La Moncloa sin ganar en las urnas, sirviéndose de partidos anticonstitucionales a los que debería aislar y, sin embargo, ha blanqueado y conferido una influencia insoportable a costa de los intereses de España.

Quizá por eso los españoles castigan a Sánchez y alejan sus posibilidades de lograr la presidencia en buena lid, con los votos en las urnas y no con las mociones de censura espurias. Contar con Vox es, además de inevitable, perfectamente legítimo. Y eso no significa suscribir ni incorporar todas sus propuestas, pero sí derribar todo cordón sanitario creado por los mismos que contribuyen, ellos sí, a extender la epidemia nacionalpopulista.

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