El Valencia toca fondo en uno de los peores partidos de la era Marcelino

Los jugadores del Leganés celebran el gol

Los jugadores del Leganés celebran el gol

Valencia 1 - Legánes 1. El juego valencianista, tan previsible como carente de ideas y recursos, acaba por desesperar a Mestalla pese al empate final.

Plano, lento, cadencioso... son algunos de los adjetivos que pueden ayudar a entender el momento de juego por el que atraviesa - prácticamente desde los inicios de la presente campaña - el Valencia CF. Mientras tanto, el CD Leganés se hacía acreedor a otro tipo de epítetos - especialmente aquellos relacionados con el orden y la disciplina táctica - para certificar una más que valiosa victoria para sus intereses.

Las bajas de  Kondogbia y Guedes, tal y como la inversión realizada en ambos indica, son quizás las que en mayor medida el cuadro valencianista puede acusar; pero en ningún caso pueden justificar que un encuentro en Mestalla frente a una de las tres plantillas más modestas de LaLiga alcance, prácticamente, el minuto 80 sin acercamientos de peligro que reseñar.

Así es, precisamente, como discurrieron unos absolutamente monocordes primeros 45 minutos; tan solo marcados por la sustitución por lesión de Cheryshev, y un par de centros de su sustituto Carlos Soler y Parejo que finalmente no hallarían rematador. Por otra parte, éste era un guion de partido que, en absoluto incomodaba a unos pepineros muy centrados, como es obvio, en tareas defensivas.

Más circunstancias dignas de mención tendrían lugar tras el paso por los vestuarios, teniendo las primeras de ellas como desafortunado protagonista a Ezequiel Garay. Primero el central argentino bien pudo jugarse la expulsión en un rifirrafe con Sabin Merino, pero de lo que no se iba a librar sería de que el VAR le delatara en el inexplicable penalti que cometió tras golpear en el costado a Oscar Rodríguez. Gumbau puso, desde los once metros, un 0-1 que significaba todo un Everest para esta tan espesa versión valencianista.

Pero lo peor pareció aún poder llegar, con unos minutos subsiguientes al tanto pepinero en los que los de Marcelino, todavía groguis, deambulaban por el césped. De hecho, no fue hasta los diez minutos finales cuando, ya con Batshuayi y Ferrán Torres sobre el campo, pudieron hacerse con el control.

Por fin Parejo aparecía, y en una apertura suya sobre la llegada de Gayá el potente remate del lateral de Pedreguer, no sin fortuna, acabaría colándose por la escuadra del marco defendido por Cuéllar. Corría ya el minuto 84, y poco después, otro alarde de visión de juego del capitán serviría para que  Gameiro encarara y superara al meta pepinero teniendo que abortar el peligro la defensa en la misma línea de gol. Aún Parejo, en el último instante, propiciaría otra opción de gol, mandando un balón al corazón del área pequeña que Batshuayi envió con la testa ligeramente desviado.

Habida cuenta de lo acaecido durante este tramo final de partido, ¿cabe alabar la voluntad de intentarlo hasta el final o, por otro lado, resultaría más conveniente el hecho de preguntarse por qué no se jugó ya antes así? Apostemos por lo segundo.

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