Las lentejas de Sánchez

Volvemos a estar a la cabeza -esa megalomanía de la que Sánchez se nutre y presume de forma tan cansina como incansable- de los estados que peor gestionan estos rebrotes.

Resulta que ahora el presidente Sánchez se ha puesto bíblico y místico. Sorprendió citando al Papa Francisco -sin venir a cuento- en el debate con Abascal de su frustrada (y frustrante) moción de censura. Más tarde se fue a verlo con su señora y, de paso, recibió una cariñosa regañina del Pontífice (no sabemos si aprovechó para explicarle, dado el reducido españolismo de ambos, que aquí y pese a él, seguimos siendo un país en paz). Y ahora ya ha vendido el español -su alma hace tiempo que está en almoneda- por un suculento plato de lentejas. Un paso más, y con naturales apariencias de inconstitucionalidad, en su firme intención de acabar con la unidad del suelo patrio.

Y resulta que su académicamente indocumentada esposa está igual a un roto (encabezando la irresponsable manifestación del 8M) que a un descosido (liderando un Máster de la Complutense para el que no tiene competencias ni capacidad demostrada). Sus escasas obligaciones de primera dama, aun teniendo jefa de gabinete y las más ignotas derivadas de su cometido como directora del Africa Center de la IE University le resultan compatibles. Un prodigio de persona.

Como no hay mejor defensa que un buen ataque -al menos Iván Redondo bien lo sabe- han creado el Comité de la Verdad (o cómo puñetas se llame) para poner el foco en los bulos ajenos y así ocultar las grandes “bolas” propias.

Al objeto de blanquear todo este tipo de desatinos e incongruencias, y conocedor de que no hay mejor defensa que un buen ataque -al menos Iván Redondo bien lo sabe- ha creado el Comité de la Verdad (o cómo puñetas se llame) para poner el foco en los bulos ajenos y así ocultar las grandes “bolas” propias. Lo que, por cierto, también resulta bíblico. Recuérdese que, él y sus actuales socios de gobierno en la oposición, ante un tímido intento de Rajoy por luchar contra los fake organizados, no dudaron en envolverse en el ambiguo mantra de la libertad de expresión, para en tono irónico llegar a calificarlo de orwelliano “Ministerio de la Verdad”. El cinismo más rastrero llevado a la categoría de estrategia gubernamental autoritaria.

Mi buen amigo Rafael Trénor -el escultor valenciano autor del Alma del Mundo y de la Esfera Armilar- hilvanó con acierto durante la primera ola de la pandemia (llamarla premier vague sería una frivolidad que todavía nadie se ha permitido) el argumento de que los estados de mayor desgobierno y los de pandereta, recabaron los peores resultados en su gestión. El nuestro actual pudiera ser incluido en cualquiera de los dos tipos, aunque también puede entenderse como un disparatado híbrido de ambos. En esta segunda fase, habitualmente calificada como “oleada”, es decir el embate y golpe de la ola (primera acepción de la RAE), o también, aparición repentina de algo en gran cantidad (tercera acepción), el símil del capitán del barco ausente y los grumetes desconcertados, tan frecuente y oportuno, viene a refrendar la hipótesis inicial. Volvemos a estar a la cabeza -esa megalomanía de la que Sánchez se nutre y presume de forma tan cansina como incansable- de los estados que peor gestionan estos rebrotes.

Han rebrotado también episodios de violencia callejera que algunos parecieran justificar mientras otros achacan al adversario, pero es la violencia muda, más que silenciosa, de las muertes, de las ruinas, de la desesperación ciudadana, la que verdaderamente me preocupa.

Jueces que entre la venda y la mascarilla van dando palos de ciego mientras se hunden en el fango que sus togas, ufanos en su día, empezaron a rozar a consigna del allegado a la flamantísima Fiscal General.

Es lo que tienen estas formas adanistas de gobernar -o de no hacerlo- que acaban de provocar en EEUU un espectáculo vergonzoso y denigrante, por el que resulta factible que la otrora llamada cuna de la democracia moderna se haya comportado (se esté comportando) como una república bananera. Populismos y autoritarismos, no importa de qué signo o ideología, resultan igualmente repugnantes, involucionistas y empobrecedores.

La oposición, secuestrada mediante la ilegítima argucia del estado de alarma seismesino por exceso, parece asistir perpleja al conjunto de tropelías que de forma sistemática va publicando el BOE, mirando de reojo a una Europa no menos perpleja y a unos jueces que entre la venda y la mascarilla van dando palos de ciego mientras se hunden en el fango que sus togas, ufanos en su día, empezaron a rozar a consigna del allegado a la flamantísima Fiscal General.

Pues o éste se cae del caballo o que Dios nos coja confesados.

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