Sánchez abre un irresponsable periodo constituyente por la puerta de atrás

Sánchez, con Rufián

Sánchez, con Rufián

El presidente se "compra" su aparente estabilidad a cambio de potenciar la agenda nacionalpopulista de unos aliados que solo le respaldan para conseguir sus objetivos.

 

La aprobación de los Presupuestos Generales del Estado con Podemos, Bildu, ERC y el PNV no es un hecho aislado ni termina ahí: es la continuación de un proyecto iniciado por Sánchez en 2018, con una moción de censura a la desesperada tras dos derrotas electorales, cuya culminación aún está por verse.

Pero lo visto ya, como peaje a la doble intervención del populismo y el independentismo que explica su Presidencia, produce pánico y se resume en una idea: aunque no lo llame así e intente disimular, Sánchez ha avalado desde entonces la apertura de un nuevo periodo constituyente, a escondidas, irresponsable y en un momento dramático para España.

Todo eso se percibe en una apuesta casi suicida en la que, a cambio de lograr una aparente estabilidad nominal en Moncloa, acepta una perversa hoja ruta de sus aliados, que pueden ser muy perniciosos pero no engañan: lo que esperan Bildu y ERC es público y notorio, siempre ubicado en su agenda separatista. Y el afán de Podemos por provocar un "cambio de Régimen" no es tampoco un secreto precisamente.

Si todos ellos respaldan a Sánchez es, simplemente, porque ven con ello más factible lograrlo. No es, pues, un apoyo constructivo a partir de un objetivo compartido y sustentado en el interés general; sino un negocio capcioso en el que cada uno busca su parte del botín, a costa de desvencijar un país cautivo de una triple crisis institucional, económica y sanitaria.

Sánchez tiene la obligación constitucional de sostener el andamiaje de España, pero es quien más lo debilita

Con ese panorama, no se puede aceptar a estas alturas la pretensión de Sánchez de que se puede iniciar ese viaje y, a la vez, desactivar el destino, como si pudiera engañar a quienes a la vez le conceden un poder intervenido.

Ni ellos se van a dejar, sin generar una crisis aún mayor, ni los hechos indican que ésa sea la intención del jefe del Ejecutivo. Al contrario, todas sus decisiones y concesiones indican en el sentido contrario y han puesto en marcha, vía hechos consumados, un periodo constituyente.

La habilitación de ERC y Bildu como socios preferentes; el abordaje al Poder Judicial; la exclusión del español; el veto al pacto transversal; el acoso a la Corona; la previsible concesión de indultos; el acercamiento de terroristas o las tremendas concesiones económicas, jurídicas, institucionales y hasta estéticas al separatismo y a Podemos avalan las peores intenciones de los aliados de Sánchez y sumen a España en una inestabilidad peligrosa.

Nada justifica a un presidente capaz de cruzar todas las líneas rojas con tal de perpetuarse en el poder. Y no hay retórica política ni perfume mediático suficiente para tapar ya la evidencia de que, quien más tenía que esforzarse por sostener el andamiaje institucional de la democracia española, más está haciendo por debilitarlo.

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