El monólogo de Tardà en la Universitat de València con Núria Marín de telonera

Total ausencia de autocrítica y peticiones de diálogo al estado, pero basadas ya en una imposición de los temas y las condiciones del mismo

Toda aparición pública en Valencia de personas ligadas al independentismo catalán y el pancatalanismo despierta una fuerte reacción por parte de personas que les apoyan y de sus detractores. La invitación por parte del Bloc d´Estudiants Agermanats (BEA), ligado al Bloc Nacionalista Valencià, para que Joan Tardà, diputado de Esquerra Republicana de Catalunya hasta hace escasos meses, diera una conferencia en la Universitat de Valencia, no fue una excepción.

 

Una nutrida dotación de la policía nacional y una reforzada seguridad privada del campus de Tarongers fueron desplegados para evitar altercados, si bien la presencia de grupos ultras era más bien testimonial. Lo que si se evidenció fue un nivel de interés por el acto que llevó a los organizadores a priorizar el acceso a los estudiantes de la universidad de Valencia, presuntamente por cuestiones de aforo.

 

Un ambiente tranquilo y relajado reinaba en la sala, casi enteramente repleta por un público estudiantil entregado y afín a las tesis independentistas, como demuestran los aplausos y la aquiescencia a la introducción llevada a cabo por los organizadores, quienes declararon España como un estado fascista y una falsa democracia mostraron su apoyo a lo que definen como presos políticos y los detenidos durante los disturbios violentos acaecidos en Cataluña desde que se conociera la sentencia del Supremo.

 

Compartían mesa con Tardà, y le precedieron en el uso de la palabra, el sociólogo y profesor de la UV, Rafael Xambó, y Núria Marín, secretaria del movimiento estudiantil Jovent Republicà.

 

Xambó expuso los resultados de unos estudios que había llevado a cabo en relación al cambio del tratamiento informativo sobre el conflicto catalán en los medios de comunicación, aseverando que el discurso de los medios nacionales se aleja cada vez más de la realidad y afirmando la degradación del sistema comunicativo español. Como contrapunto, ensalzó el papel de TV3, aunque este, como todo el discurso del acto, parece el de aquellos que ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

 

Núria Marín remarcó el papel de los jóvenes a la hora de mantener una movilización permanente… porque no trabajan, y culpó al estado español de poner la violencia en el centro del debate. Dijo rechazar la violencia e insistió en los aspectos pacíficos del movimiento independentista, aunque siempre existe un pero. Al plantear una reflexión retórica sobre qué es la violencia, se refirió a cuestiones económicas y de justicia social, evitando una condena expresa de los hechos violentos más recientes.

 

Como ya es común en el independentismo catalán, redujo la cuestión de la Sentencia del Supremo a condenas por haber llevado a cabo un referendum, por votar. Sin embargo, ni se planteó que esto se hiciera con fondos públicos, contra la ley, silenciando a la oposición merced a artimañas infames como cambiar la normativa de la Cámara catalana para que no pudieran oponerse, y hablando en nombre de todos los catalanes, cuando no representaban ni a la mitad.

 

Se hizo también una curiosa idea del apoyo a la causa independentista en el resto de España, cuando se refirió a manifestaciones de apoyo a los políticos presos y contra la sentencia en lugares tan exóticos como Albacete, absolutamente marginales en la práctica.

 

Por otro lado, como ejemplo de la falta de derechos y libertades en España, denunció el caso de la petición de Nuevas Generaciones para que se cancelase el acto que debía celebrarse el martes 29 de octubre en el campus de Getafe de la Universidad Carlos III de Madrid, bajo el título ´Contra la represión: libertad, amnistía y autodeterminación´, con la presencia de la exdiputada de la CUP, Eulàlia Reguant.

Coincido con ella en que es un despropósito, pues entiendo la universidad como un espacio abierto y foro para el libre intercambio de ideas. Además, como seguidor de John Stuart Mill, entiendo que las ideas y opiniones a expresar deben ser protegidas, especialmente cuando sean minoritarias y generen incluso rechazo.

 

Dicho lo anterior, lamentó por su parte que olvide las veces que, enarbolando la bandera de la lucha antifascista, el movimiento radical estudiantil en Cataluña ha boicoteado actos constitucionalistas de modo violento y logrado su suspensión, como un acto de Cayetana Álvarez de Toledo en la Universitat Autónoma de Barcelona en abril de este año o, miren si la cosa llega a límites absurdos, el boicot independentista a un acto organizado por Societat Civil Catalana en homenaje a Cervantes en el Aula Magna de la Universitat de Barcelona, en junio del pasado año.

 

El plato fuerte de la velada fue, sin duda, Joan Tardà, con quien buena parte de los asistentes se había tomado selfies previamente. Puedo no compartir lo que dice y encontrar serios fallos en su razonamiento, pero debo reconocerle su capacidad como orador que sabe mantener la atención de sus oyentes.

 

Con un discurso que, no lo olvidemos, iba dirigido a un público mayoritariamente afín, se permitió el uso de la ironía, reconociendo al estado español como democrático, pero con una bajísima calidad democrática. Comparó la democracia europea, construida con materiales muy nobles, la victoria sobre el fascismo y el nazismo, con una democracia española construida con materiales de segunda calidad, pues el fascismo nunca se venció y Franco murió en la cama. Los demócratas, aseguró, debieron pactar con los franquistas, con lo que la democracia española nace bajo el signo de la impunidad, lo que genera un régimen democrático de mala calidad, que no permite encarar los retos de la historia.

 

Esto es la tónica general del independentismo catalán, que en su afán de desacreditar una bien consolidada democracia española, denosta la Transición y su legado, sin apreciar el valor de los acuerdos alcanzados.

Hablamos de un periodo en que todos sus protagonistas buscaron un consenso para superar el pasado; un momento histórico en que el propio parlamento franquista se suicidó, al aprobar la Ley para la Reforma Política. Nombres peyorativos como Régimen del 78 o Segunda Restauración Borbónica son usados para generar repulsión hacia unos hechos que, por el contrario, merecen ser aplaudidos.

 

Tardà se permitió una poco afortunada y edulcorada alusión a la desnazificación alemana promovida por los aliados tras la 2ª Guerra Mundial (desde la victoria aliada hasta su suspensión oficial en 1951) y el papel de Adenauer en la misma. Lamentablemente, no fue el éxito que se pretendió inicialmente.

Por un lado, pronto se apreció que una desnazificación demasiado escrupulosa impediría crear una sociedad democrática funcional y económicamente eficiente, por otro, la sociedad de Alemania Occidental y el gobierno presidido por Adenauer en 1949 se mostraban en contra de dicho programa. Curiosamente, los únicos que siguieron el programa con entusiasmo fueron los soviéticos, pero por su afán de realizar una limpieza que les permitiera imponer su “paraíso socialista”.

 

En todo caso, las críticas de Tardà no terminaron ahí. Manifestó que en España no existía separación de poderes, sino un simple reparto de poderes, por ello la justicia española era de baja calidad. Ocupada por las élites y controlada por las oligarquías. Todo sea por desacreditar una justicia española profesional e independiente.

 

El refrendo masivo en territorio catalán de la Constitución, lo atribuyó a que fue un mal menor, que quienes lo hicieron pensaban que sería el punto de partida hacia algo más (como la autodeterminación).

En el turno de preguntas, llegó a calificar la Carta Magna como muerta, por su dificultad de reforma, lo que, en puridad, es algo bastante común en derecho comparado. La exigencia de mayorías especiales para realizar cierto tipo de modificaciones son una garantía para evitar que meras mayorías accidentales realicen cambios. Obliga, pues, a la búsqueda de amplios consensos que eviten una futura política de adversarios.

 

Tardà contó también con respuesta para el poco éxito real en la internacionalización del conflicto, toda vez que ningún estado democrático ha apoyado al independentismo y considera la cuestión un problema interno de España. Consiste, para variar en echar balones fuera con una genérica referencia otros desafios, como las crisis humanitarias, ambientales y sociales, que mal pueden ser resueltas, señaló, por un estado que no puede resolver un conflicto interno.

Cualquier cosa menos reconocer que, si tan poco éxito han tenido en ese ámbito, puede ser que sea consecuencia de una realidad diferente a la que perciben dentro de su burbuja. No ayuda la consideración generación de manipulador para todo medio de comunicación que no compre su versión.

 

En conjunto, el acto no supuso ninguna novedad importante en la posición independentista, con una total ausencia de autocrítica y peticiones de diálogo al estado, pero basadas ya en una imposición de los temas y las condiciones del mismo; un monólogo como hasta ahora.

*Politólogo y abogado

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