Sueño un final feliz para Nerea

¿Imaginas estar prácticamente toda tu vida en una jaula y, pese a ello, no perder la esperanza de algún día tener una familia que te quiera?

No suelo ir a refugios de animales. Quienes me conocen saben que siempre termino con un gran nudo en la garganta y el corazón encogido.

Ver allí a esos perros y gatos, encerrados, que te buscan desesperados con la mirada, que no saben por qué están allí, que sólo quieren llamar tu atención para recibir las caricias que es posible que algún día recibieron en el hogar en que vivían, me pone enferma.

Esos animales posiblemente son fruto de un capricho que aumenta de tamaño, de una compra impulsiva, de una camada no deseada por falta de esterilización, de una estúpida moda o de su falta de utilidad para cazar. Quién sabe.

Lo que sí tengo claro es que esos animales son abandonados como consecuencia de la más absoluta falta de empatía y de una crueldad desmedida.

Porque no nos equivoquemos, quien abandona a un animal, lo está condenando a muerte.

Que se salve es prácticamente una excepción.

La mayoría muere atropellada, de hambre o enfermos y de los que sobreviven, son generalmente recogidos por empresas contratadas por los ayuntamientos que se lucrarán con su ejecución. Sólo un pequeño porcentaje es recogido por una entidad de protección animal.

Lo que sí tengo claro es que esos animales son abandonados como consecuencia de la más absoluta falta de empatía y de una crueldad desmedida. Porque no nos equivoquemos, quien abandona a un animal, lo está condenando a muerte.

Y, desde luego, además de los daños físicos que sufren, el daño psicológico que les supone la traición de ser abandonados es indescriptible. Muchos de ellos nunca se recuperan y es que para ellos, no somos sólo quienes les suministramos agua, alimento y un espacio cubierto. Somos su familia y lo más importante en su vida, aunque por desgracia, ellos no siempre lo sean para nosotros.

Por este motivo me duele tanto visitar un refugio. Porque sufro con el dolor y la pena de esos perros y gatos y porque me recuerdan la miseria de algunos humanos. La de quienes les abandonan y la de quienes no hacen nada por impedirlo.

A pesar de ello, hace unas semanas llevé a unos amigos al refugio de la SVPAP, en San Antonio de Benagéber, con la excusa de una actividad solidaria, para que conociesen cómo viven los animales abandonados y el trabajo del voluntariado, a ver si se animaban a colaborar de alguna manera. Y la verdad es que quedaron impresionados.

Impresionados por el trabajo del voluntariado, que pese a su dureza, lo inundaban todo con sus sonrisas y ternura hacia los animales.

E impresionados por ver tantos animales que han sufrido el desprecio de los humanos y que esperan una segunda oportunidad.

Personalmente, una de las cosas que más impresiona es que, cuando les miras a los ojos, pese a la tristeza que anida al fondo, sus miradas son limpias e inocentes

Personalmente, una de las cosas que más impresiona es que, cuando les miras a los ojos, pese a la tristeza que anida al fondo, sus miradas son limpias e inocentes y, pese a las adversidades que han debido pasar hasta llegar al refugio, casi todos vuelven a confiar en el ser humano.

La otra es que hay muchos animales que pasan años y años sin ser adoptados. En el caso de los gatos, suele ser la edad y el ser positivos a alguna enfermedad crónica. En el de los perros, el tamaño y el estar absurdamente catalogados como perro potencialmente peligroso (más comúnmente abreviado, ppp) es una doble condena.

¿Qué implica ser un ppp? Que debes obtener una licencia y un seguro para poder tenerlos legalmente. Como en el caso de los humanos, la educación es fundamental y los perros aprenden a comportarse según los trates. Los verdaderamente peligrosos son quienes no les dan el trato que merecen, les obligan a parir para hacer negocio con sus hijos, o los utilizan como objetos con los que fardar de testosterona.

He tenido la oportunidad de estar con muchos perros de los catalogados como potencialmente peligrosos y os puedo asegurar que hay peluches más nocivos que ellos.

Uno de estos animales, es Nerea.

Nerea llegó al refugio de la SVPAP siendo una cachorrita, hace ya más de 4 años. Y pese a no haber conocido apenas un hogar en condiciones (por mucho que se esfuercen las protectoras por proporcionarles todos los cuidados, para un animal un refugio nunca es el mejor lugar), en cuanto te acercas a ella consigue captar tu atención y te pide desesperadamente cariño.

¿Imaginas estar prácticamente toda tu vida en una jaula, y pese a ello, no perder la esperanza de algún día tener una familia que te quiera?

Imagino a Nerea, en las noches de invierno, acurrucada en la mantita que tiene sobre un palé en su caseta, soñando con el calor de un hogar y el cariño de una familia.

Lo imagino porque eso es lo que sueño también yo desde que la conocí.

Sueño un final feliz para Nerea.

 

Nota: Si quieres adoptar a Nerea, puedes contactar con la protectora a través de este enlace http://svpap.org/ficha-50, o lo que te recomiendo, conocerla personalmente en el refugio ( Polígono 4, Carretera Valencia CV 35, Salida 12, 46184 San Antonio de Benagéber, Valencia. Abierto todos los días de 10:30-14:00)

 

*Coordinadora provincial de PACMA en Valencia

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