21D y medios de comunicación

A veces me pregunto si no hay alguien interesado en caldear el ambiente catalán para sacar a pasear un autobús enorme con las caras de Puigdemont, Junqueras o algún neolíder independentista

A las puertas de la Navidad, Año Nuevo y Reyes más que comida en abundancia, que también, lo que se avecina son discusiones de sobremesa. Política y más política. Ante ello poco podemos hacer quienes desearíamos que estos días fuesen realmente de descanso y no de todo lo contrario.

No obstante, conviene aprovechar la ocasión para echar una mano a la buena política, esa que no es capciosa y que no vive entre fake news, tuits y demás verdades a medias.

Un buen ejemplo de la intoxicación informativa practicada por algunos grandes medios lo vimos el pasado 21D en Barcelona. Las carreras, golpes y altercados protagonizados por el independentismo más violento intentaron impedir que el Gobierno de España pudiese celebrar una reunión ordinaria en Barcelona.

Ante el mundo, y ante la mayoría de la sociedad catalana, han quedado retratados quienes se dedican desde su altar de razón y su bandera, a alterar la vida cotidiana de los ciudadanos catalanes. Así y todo, el Consejo de Ministros pudo celebrarse con relativa tranquilidad, y aunque los medios se empeñaron en dejarnos una imagen de plantas de colores, gestos y supuestas bajadas de pantalones, considero que allí se dijo mucho más.

Uno de los titulares que se ha pasado por alto, -conscientemente no me cabe duda alguna- es el que dio la Ministra Meritxell Batet. La catalana, uno de los pesos pesados del gobierno socialista recordó en rueda de prensa que el derecho a la autodeterminación, el mal llamado derecho a decidir, no existe. Y eso, en medio de una lluvia constante de ataques de la oposición, reproches y acusaciones de haber entregado las llaves del Estado (una vez más) a los independentistas.

Pues bien, ni diez segundos se le dio en los grandes telediarios a esta declaración tan necesaria de Batet. Sin embargo, los altercados, el cambio de plantas para emular las franjas de la bandera española, los hoteles donde habían dormido los políticos o las caras de sueño que tenían, por decir algo, fueron más importantes que esta declaración de necesidad que fue el recordar que ese pretendido derecho simplemente no existe en este caso.

A veces me pregunto si no hay alguien interesado en caldear el ambiente catalán, para luego en las elecciones andaluzas, sacar a pasear un autobús enorme con las caras de Puigdemont, Junqueras y de cualquier neolíder del independentismo catalán.

Felices fiestas.

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