20 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El fin de ETA debe explicarlo la democracia y enseñarse en los colegios

La derrota de ETA ha sido policial y judicial, pero también debe ser política y empezar por escribir el relato del horror desde el Estado de Derecho y enseñarse en los colegios.



 

 

La performance montada por ETA para anunciar su disolución no debe engañar a nadie ni con respecto a las causas de su cese ni, mucho menos, con su cruel andadura de 60 años. El terrorismo fue derrotado policial y judicialmente por el Estado de Derecho, que pagó un alto precio del que casi 900 víctimas mortales son su más triste testimonio.

Ese inmenso dolor, insuficientemente analizado, reconocido y en la medida de lo posible compensado, incluye además miles de heridos y decenas de miles de exiliados, coaccionados, extorsionados y acosados en su vida cotidiana, marcada por una represión de sus libertades civiles más elementales: ETA, y sus cómplices, impusieron un auténtico régimen del terror en el que los asesinatos fueron su máxima expresión pero no la única.

Si hace unos años dejó de matar y ahora desaparece es, simplemente, porque no le salía rentable y además no podía, sumida en una incesante persecución legal y en un descrédito social que la convirtió en un residuo tóxico incluso para muchos vascos que en su día la miraron con indignante comprensión.

Mientras los hijos y nietos de los terroristas no sientan vergüenza de sus padres y abuelos, el fin político de ETA no será total

ETA desaparece, pues, porque ya estaba desaparecida, y la parafernalia que quiere ponerle a su funeral es una indecente manera de comenzar una campaña de blanqueamiento de su trayectoria que, simplemente, no se puede consentir.

Porque la derrota de ETA no será total si no se explica bien lo ocurrido, no se hace justicia plena y sin excepciones y, especialmente, no se vence políticamente su pavorosa herencia, resumida en una fortísima presencia de sus cómplices en distintas instituciones del País Vasco y Navarra o en una cierta comprensión de grupos como Podemos hacia los partidos más marcados por su conexión con la banda terrorista.

Acabar con la herencia de ETA

Mientras los hijos y nietos de los terroristas no sientan vergüenza de sus padres y abuelos; los homenajes se den antes a los pistoleros que a las víctimas y las siglas más beneficiadas electoralmente no sean las cercanas a los verdugos sino a los muertos; el legado de ETA seguirá de algún modo vivo y la posibilidad de que, algún día, los herederos vuelvan a las andadas, será menos remota: si se tolera que el relato épico que ETA quiere darle a su sanguinaria carrera, se avalará su hipotético retorno y en todo caso se cometerá una tropelía inadmisible.

 

 

El terrorismo debe incluirse en el programa educativo en los colegios de toda España, como ya se ha insertado en la Comunidad de Madrid para el curso que viene; y sin menospreciar el evidente valor de una paz definitiva, ha de hacerse un esfuerzo inmenso por explicar a la sociedad en su conjunto lo que sucedió y señalar sin tregua a quienes lo cometieron, auspiciaron, entendieron o miraron hacia otro lado.

El terrorismo se debe enseñar y explicar en los colegios. Y los homenajes a las víctimas han de ser reiterados

En ese sentido, no llega pues con exigir la aclaración de los más de 300 crímenes etarras aún sin respuesta. Ni tampoco es suficiente con garantizar el cumplimiento de las penas, perfectamente compatible con una política de reinserción para aquellos casos en que ésta sea posible. Tolerar homenajes como los que cada cierto tiempo se celebran en distintos municipios vascos o permitir que el relato público unánime no sea el de condena y estigmatización de los asesinos y el de ensalzamiento y justicia para sus víctimas; es y será inadmisible.

Escribir el fin desde la democracia

PP y PSOE tienen, en este sentido, una obligación y una autoridad especiales: ellos pusieron buena parte de las víctimas políticas del sinsentido, y ellos han gobernado en los tiempos de plomo, dirigiendo a las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad que tanto sufrimiento asumieron en defensa de todos.  Por eso a ellos, y a todos los poderes públicos y nuevos partidos concernidos sin duda por ese pasado, les corresponde escribir el final y redactar el relato, sin concesiones de ningún tipo a nada que no sea la cruda verdad.

 

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