La "lluvia" impide una nueva manifestación por la financiación

Se cumple el primer aniversario de la manifestación que recorrió algunas calles de Valencia “por una financiación justa” para los valencianos. Seguimos igual de infrafinanciados.

Se ha cumplido el primer aniversario de la manifestación que recorrió algunas calles del Cap i Casal “por una financiación justa” para los valencianos.

Acudieron entre 18.000 y 60.000, convocados por todo el mundo (209 entidades) menos el PP. Los populares estaban y están de acuerdo con la reivindicación. Incluso con hacerle -si llega el caso- una movida en la calle a Pedro Sánchez, pero no en su momento a Mariano Rajoy. Manifiestos sí, manifestaciones, según.

Lo de los 18.000 (o 60.000) da idea del nivel de concienciación que tenemos en esta tierra de casi 5 millones de habitantes respecto de nuestro principal mal. Claro, como los colegios y los hospitales siguen funcionando, pues las voces que se alza(ba)n contra la marginación del Gobierno del PP parecían las de histriónicos vocingleros de esos que pueblan el panorama regional español del “que hay de lo mío”. Una reivindicación más del folclorismo español. Nada, nada, pasada la mani, nada de qué preocuparse.

 

Ahora gobierna Pedro Sánchez. Antes incluso de ser investido, cuando la moción de censura, el presidente volante (un Mystère en sí mismo) ya dejó claro en sede parlamentaria que la reforma del sistema de financiación autonómica no iba a tener lugar durante esta extraña legislatura en la que la "obligación de todo Gobierno es mantenerse" (¿prioridad?), según su portavoz. Díjolo Blas, punto redondo.

A partir de ahí en el Consell de Ximo Puig y Mónica Oltra percibían de Sánchez toda la buena intención y la comprensión y las buenas vibraciones que el PPCV le suponía a Rajoy cuando éste clamaba por un difícil pacto previo entre partidos que el PSOE ni siquiera intentó. Ahora sabemos por qué. ¡Y qué bien que un presidente por fin venía en Fallas. Y al 9 d'octubre! 

 

“Con lo que nos ha costado” montar la de 2017, ¿cómo vamos a pensar en manifestarnos en 2018?, planteaba uno de los desaparecidos organizadores. “Vamos a estar vigilantes”, “no bajaremos nuestro nivel de exigencia”, “se nos empieza a agotar la paciencia”, “es un objetivo irrenunciable” son los vacuos mantras con los que el Botànic disimula como antes lo hacía el PP. 

 

La realidad es que no pintamos nada en Madrid. Ábalos aparte, claro. Los partidos nacionales son eso, nacionales. Y los de estricta obediencia valenciana, anti-derechas antes que otra cosa. Y además, hacer caer dos presidentes en una misma legislatura no entra en los planes ni de los separatistas catalanes al menos hasta el siguiente otoño.

Pero el panorama ha mejorado, nos dicen. Aunque el Gobierno ni siquiera plantee un documento a debatir sobre un sistema de financiación que todo el mundo de la M-40 para abajo considera caduco; aunque la promesa de Pedro Sánchez de un 10% de las inversiones territorializadas para la Comunidad Valenciana que aquí se vendió a bombo y platillo y que el PP de Isabel Bonig ha anunciado que le va a reclamar en sus ayuntamientos hasta el Súperdomingo de mayo no vaya a salir porque el inquilino de La Moncloa ya ha renunciado a sacar adelante los PGE 2019; aunque las Cortes Españolas tengan paralizada desde 2011 la reforma del Estatuto valenciano que blindaba las inversiones del Estado, y sólo parece que la desbloquearán si se descafeína la famosa Cláusula Camps -pactada con el PSPV de Joan Ignasi Pla- y en vez de exigir aceptamos estudiar de forma conjunta (co-soberanía, como lo de Gibraltar) las futuras infraestructuras en la Comunidad; aunque el Tribunal Constitucional tenga bloqueada la recuperación del Derecho Civil valenciano hasta que una reforma de la Carta Magna casi cosmética -e improbable porque cada región española propone la suya, y no vamos a ser los únicos que acompañemos con cosas particulares el desaforamiento exprés y general de los políticos- dicte otra cosa; y aunque el Consell, a lo Hans Christian Andersen, con inventarse más improbables ingresos para sus nuevos Presupuestos GVA -que difícilmente llegarán por Real Decreto- ya tenga bastante. "¿Y qué otra cosa podemos hacer?", clamará nuevamente el conseller Vicent Soler para justificar el engorde con hormonas con el que poder seguir prestando aquí los mismos servicios que las demás comunidades autónomas pero con 800 euros reales menos por persona.

 

Así están las cosas, un año después de la “gran” manifestación valenciana. Que debe ser que la lluvia está impidiendo reeditar. Bueno, siempre nos quedará Twitter ... 

 

 

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