29 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Es imprescindible “medicalizar” las Residencias Geriátricas

Se acaba de celebrar el Día Mundial de la toma de conciencia del abuso y maltrato en la vejez

El lema elegido este año, es fomentar la protección de nuestros mayores durante la COVID-19 y más allá, porque hoy nadie discute que son el grupo de población más vulnerable en todos los sentidos y especialmente frente al Coronavirus, que ha provocado que las personas mayores de 80 años mueran 5 veces más que el resto de la población, al margen de que todos los estudios confirman que las personas de 70 años o más, que tienen una afección añadida a la edad, son mucho más sensibles a cualquier agente externo como este “virus de la crueldad” que ha sido el protagonista principal del “maltrato a nuestros mayores”; es cierto que todos hemos de morir, pero “cuando nos toque” y con dignidad; y muchos, demasiados mayores han fallecido en España sin que fuera su hora y desde luego con un trato muy alejado de los principios fundamentales de la dignidad y la humanización, sin atención sanitaria especializada, sin visitas de sus familiares, sin despedidas ante la muerte, sin el duelo tan necesario, sin un entierro digno…; probablemente la mayor vergüenza que la pandemia ha dejado al descubierto en un país desarrollado como España.

Y sin entrar en discusiones políticas en cuanto a las más que posibles negligencias o descoordinaciones entre el gobierno central y los autonómicos en materia de traslado a los hospitales de los mayores que lo requerían clínicamente, o la clara y determinante falta de material de protección, tanto para los residentes como para todos los trabajadores, ¿se tendrían que haber hecho las cosas mejor? Hoy, todos pensamos que sí, pero ¿cómo deberíamos haberlo hecho? La verdad es que “si la montaña no va a Mahoma, Mahoma debería haber ido a la montaña”; si por las razones que fueren, no se podía trasladar a algunos pacientes mayores a un hospital, lo lógico es que los profesionales especializados en geriatría hubieran ido a las Residencias Geriátricas y no solo tomar decisiones telefónicas, aunque fueran las más acertadas.

 

¿Saldremos reforzados de la pandemia de este “virus de la crueldad”?

Siempre he defendido, como tantos otros, que saldremos reforzados de esta pandemia, tanto en nuestros valores sociales, personales y humanos, como en la valoración de nuestra mermada economía, pero ¿habrán aprendido la lección nuestros gobernantes en cuanto al cuidado de nuestros mayores? Escuchaba con interés hace un par de meses al Ministro Illa, cuando decidió poner al frente de la “coordinación de todos los servicios sociales” al Vicepresidente Iglesias y éste confirmó un determinado presupuesto extraordinario para “medicalizar” las Residencias Geriátricas, reforzando las plantillas y olvidando que más importante que los criterios cuantitativos, son los cualitativos. Más profesionales, claro que sí, pero adecuadamente formados en gerontología y geriatría. Después de esas declaraciones, nada más se supo, salvo la acertada decisión de la Presidenta de la Comunidad de Madrid cuando aseguró que las Residencias Geriátricas iban a ser medicalizadas, dando el mando de ellas al Consejero de Sanidad, aunque también es cierto que hasta el momento no conocemos ni sus alternativas ni las de la oposición.

 

¿Cómo se deben medicalizar las Residencias Geriátricas?

Pues todo dependerá del significado que se le quiera dar a la palabra “medicalizar”, porque ni siquiera en este tema hay consenso. Sí sabemos, por las declaraciones del Vicepresidente de la Comunidad de Madrid y por las de su Consejero de Políticas Sociales que, en su opinión las Residencias Geriátricas son “lugares de alojamiento” y que “su función es cuidar y no curar”, algo especialmente alejado de lo que defendemos muchos profesionales y especialmente los especialistas en Geriatría.

Si nos centramos en el significado del término según la RAE, “dotar a algo de lo necesario para ofrecer una asistencia médica”, o “dar carácter médico a algo”, está claro que deberíamos dotar a todas las Residencias de profesionales debidamente especializados en Geriatría, médicos, enfermería, auxiliares de clínica, celadores, etc., así como de los recursos sanitarios necesarios para poder atender a los residentes ante un eventual problema cardiológico o respiratorio, es decir, de la posibilidad de realizar un ECG, de tratarles con oxígeno y disponer de varios desfribriladores, aunque sean semiautomáticos.

 

¿Cuál sería la mejor alternativa para medicalizar las Residencias Geriátricas?

Pero el término “medicalizar” está haciendo que muchas personas y profesionales entiendan que, si se medicalizan las Residencias Geriátricas, los residentes perderán su libertad, su autonomía, su intimidad y en definitiva su calidad de vida, que se convertirá en un “ingreso aburrido” sintiéndose solos e inútiles, como si realmente estuvieran “aparcados”. Desde luego que si este es el concepto que tienen los detractores de la medicalización de las residencias, sinceramente creo que desconocen que en los hospitales, ningún paciente debe perder su intimidad y su dignidad, sobre todo, si se pone en marcha un Plan de Humanización de la Asistencia Sanitaria, como se ha hecho en la Comunidad de Madrid.

No se si tendremos que utilizar otros términos para explicar lo mismo. Quizá sea mejor defender la “profesionalización” de todas las estructuras, de la organización, de la gestión y de todos los recursos físicos y personales, con la debida especialización en Geriatría de todos sus trabajadores. Y que todas las residencias tengan un hospital de referencia con un Servicio de Geriatría y un Centro de Salud, además de contar con las farmacias comunitarias.

¿Y la dependencia? Lo más normal es que una vez “medicalizadas o profesionalizadas” dependieran de las Consejerías de Sanidad y no de las de Asuntos o Políticas Sociales, porque si se trata de personas mayores afectadas por más de una enfermedad y que reciben un tratamiento médico, es lógico pensar que su dependencia orgánica sea de Sanidad. Y si a los políticos no les gusta esta alternativa, lo tienen muy fácil: una sola Consejería de Sanidad y Asuntos Sociales o Políticas Sociales, pero con dos Viceconsejeros que hablen el mismo idioma y tengan idénticos objetivos, uno de Sanidad y otro de Asuntos Sociales, incluyendo como es lógico el tema de la “dependencia”, que desde luego no se puede desligar del proceso asistencial de una persona discapacitada, tenga la edad que tenga.

El tema de la economía, los riesgos y beneficios económicos de las distintas empresas que cuentan con Residencias Geriátricas, sería otro tema muy diferente, porque de ningún modo hoy se puede defender “el papá Estado” que todo lo financia, aunque sea con nuestros impuestos. Las personas que tienen menos ingresos o menor patrimonio que otras, como es lógico deberían disfrutar de una plaza pública o subvencionada dependiendo de cada caso, teniendo en cuenta su “situación social” y su “estado clínico”; de ahí, la obligada coordinación entre los dos Viceconsejeros.

De todos modos, hoy es indiscutible que España es uno de los países en los que la esperanza de vida es mayor, por lo que tendremos que hacer frente a este positivo indicador y no afrontarlo como un problema, sino como un verdadero reto social, por lo que cada vez se hace más necesaria la atención domiciliaria de nuestros mayores a través de la Atención Primaria y contar con más hospitales de media y larga estancia.

Jesús Sánchez Martos

Catedrático de Educación para la Salud

Universidad Complutense de Madrid

@jsanchezmartos

 

 

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