El primer orfanato del mundo estuvo en Valencia

500 años antes de que Dickens popularizase la navidad y los orfanatos de la Inglaterra industrial, Valencia abrió su primer centro de acogida de niños. Además, fue la primera institución del mundo que impartió clases académicas a niñas.

La Valencia Imperial, de la que ya hemos hablado en otra ocasión, fue referente europeo en numerosos frentes. La cultura impulsada por la reina María de Trastámara y su esposo, Alfonso el Magnánimo, impregnó todo el Reino de Valencia. Pero no solo la vanguardia cultural se citó en la capital del reino, también la economía, la religión, las ciencias, el pensamiento o la beneficencia.

San Vicente Ferrer, que junto a los Borja o al Papa Luna, estructuraron la religión católica de la Europa Occidental durante más de un siglo, desde la segunda mitad del XIV hasta la segunda mitad del XV, fue el impulsor del primer orfanato del mundo. Como ven, no fue Inglaterra, ni los contemporáneos de Charles Dickens, sino la metropolitana e imperial Valencia del siglo XV.

Al final del reinado de Fernando de Antequera, en plena lucha del Papa Luna por su legitimidad frente a Roma, San Vicente Ferrer fundó el Colegio de Orfandad, en 1410. La medida intentaba paliar la situación en la que se encontraban los numerosos huérfanos errantes, abandonados a su suerte, la mayoría de ellos hijos de moriscos. La capacidad económica de la que hacía gala por aquel entonces la ciudad y el Reino apuntaló una medida de solidaridad y ayuda a los más necesitados.

El recinto, en lo que antiguamente constituyó una casa situada en la plaza San Agustín, propiedad de los Beguines (beguines significaba beatos. En esta casa se hospedaban y refugiaban cuando enfermaban o cuando pasaban necesidades los ermitaños), fue dispuesto por el propio San Vicente para fines de orfanato. Un concepto que no se había puesto en marcha aún en el resto de Europa.

Durante los siguientes años, tras el acceso al trono de Alfonso el Magnánimo y María de Trastámara, el orfanato fue aumentando su actividad. La reina, mecenas cultural y con una marcada política de beneficencia, apuntaló la actividad del orfanato con diversas donaciones. Valencia recogió, de facto, la capitalidad de la Corona de Aragón y su puerto se convirtió en punto de referencia de todo el Mediterráneo Occidental. Ello supuso el aumento de la población y un efecto llamada para personas que buscaban una mejora en sus condiciones de vida. Sin embargo, el número de huérfanos en las calles de la ciudad siguió aumentando de forma considerable. Ello llevó a que en 1498 se llevase a cabo una ampliación del edificio hacia la casa natalicia de San Vicente Ferrer y el Convento de Santo Domingo. La institución se había consolidado de tal forma que pasó a llamarse Colegio de Huérfanos de San Vicente Ferrer.

La importancia del orfanato siguió en aumento hasta el punto de que el emperador Carlos I, a través del Virrey de Valencia, le otorgó el título de Imperial. Su hijo, Felipe II, consolidó la obra nombrando administradores independientes. En 1624, Felipe IV hizo donación del antiguo Colegio de Moriscos, que recibió la aprobación papal y la bula de Urbano VIII. Hoy día, el lugar de este colegio lo ocupa el Corte Inglés de Roger de Lauria y Colón.

El orfanato, como indicábamos con anterioridad, fue el primero de toda Europa Occidental en concebirse. Sin embargo, esta obra surgida de la Valencia Imperial destacaría también por ser la primera institución del mundo en impartir formación académica a mujeres, niñas a las que se les enseñaba a leer y escribir, así como a profundizar en distintas materias, de igual forma que a los niños. Hasta el siglo XVIII, la formación de las mujeres se centraba en el adiestramiento en las labores del hogar y en el matrimonio.

El orfanato tuvo una actividad continuada e ininterrumpida durante 600 años. Fue referente de la ciudad durante el proceso de industrialización, en el siglo XIX, dando cobijo a numerosos huérfanos mucho antes de que Dickens los pusiera de moda a través de sus relatos, sobre todo de Oliver Twist.

Su legado está también hoy vigente. Hasta nuestros días ha sobrevivido el Colegio Imperial, a pesar de los cambio de ubicación. A medida que la ciudad crecía, el orfanato también cambió, muchas veces forzado por accidentes ajenos a la propia infraestructura, como ocurrió en 1968 con el hundimiento de parte del techado.

Una labor humanitaria y solidaria que el Reino de Valencia legó para la posteridad a todo Occidente.

Vicente Javier Más Torrecillas. Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana. Doctor en Historia Contemporánea.

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