19 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La milonga de oro

Cristiano acaba de ganar su cuarto Balón de Oro y los espectadores morimos de aburrimiento.

Cristiano acaba de ganar su cuarto Balón de Oro y los espectadores morimos de aburrimiento.

Contra todo pronóstico el Balón de Oro vuelve a recaer en los mismos de siempre. Cristiano y Messi se reparten los premios desde 2008 mientras los espectadores morimos de monotonía.



Sé que estoy en riesgo de convertirme en el hater oficial del fútbol y su entorno en las redes, y sé que luego cuando el Madrid vuelva a jugarse algo importante estaré ahí animando y, si se tercia, celebrándolo, y vosotros acecharéis para disparar sobre mi hipocresía. Asumo el peligro. Ya os he reconocido que estoy en rehabilitación y soy perfectamente consciente de que volveré a caer, porque si todos mis amigos se meten yo no me voy a quedar viendo Saber y Ganar Celebrities.

Para empezar, no sé si podemos otorgarle demasiado mérito a un premio que eligen una amalgama de periodistas entre los que se encuentra -o se ha encontrado, que no sé si seguirá- Alfredo Relaño, ya que todos sabemos las filias y fobias con las que los profesionales de la información se alimentan cada día.

Algo falla si en los últimos nueve años solo dos futbolistas han sido capaces de alzarse con el galardón

Pero algo falla si en los últimos nueve años solo dos futbolistas han sido capaces de alzarse con el galardón. No digo que no hayan sido los mejores, pensamiento bastante extendido como indiscutible, sino que a lo mejor entonces lo que falla es el fútbol en sí, que en casi diez años no se ha movido de la misma casilla, con el aburrimiento y hastío que ello provoca en el espectador. Si esto fuera una serie de televisión diríamos que los guionistas están estirando demasiado el chicle, que hace falta matar a algún personaje o, directamente, cerrar bien la trama, que se acabe todo y que nos enganchemos a otra mierda.

No termino de entender muy bien por qué un premio que se presupone tan importante se centra en años naturales en vez de en temporadas

No termino de entender muy bien por qué un premio que se presupone tan importante se centra -de una manera bastante incomprensible- en años naturales en vez de en temporadas. ¿Por qué? Es como si un profesor pusiera las notas de un curso tres meses después de que haya empezado el siguiente. No tiene sentido. El deporte se organiza en temporadas y los premios han de ser a los mejores de las mismas. En baloncesto creo que esto se hace mejor, sobre todo en la NBA, cuyos premios cuentan con muchísimo prestigio. Básicamente hay dos premios: al mejor jugador de la temporada regular y al mejor jugador de la final, ambos con una importancia muy grande. Luego, si en verano hay una competición de selecciones, también se otorga el premio al MVP. Y nada más, no hay un premio de la FIBA al mejor jugador del año natural, básicamente porque no tiene demasiado sentido, porque, por ejemplo, Llull, que es una malabestia, no ha jugado ni una sola competición en la que participe LeBron, y no se pueden comparar jugadores que han jugado en distintas ligas. Tan difícil casi como elegir un premio al mejor deportista en general mezclando atletismo, natación, ciclismo y deportes colectivos. Una locura.

En mi opinión habría que diversificar los premios del fútbol, y darles la importancia que merecen

En mi opinión habría que diversificar los premios del fútbol, y darles la importancia que merecen: mejor jugador de cada liga doméstica, mejor jugador de la Champions y mejor jugador de la final; y con las selecciones lo mismo: mejor jugador del torneo y mejor jugador de la final. De esta manera son muchos los futbolistas que optan a galardones importantes. Seguramente Cristiano Ronaldo habría ganado varios premios al mejor de la temporada, pero dudo mucho que fuera considerado el mejor de ninguna final de las que jugó, por poner un ejemplo. También, otro tipo de jugadores, como Raúl, Ramos, Iniesta, Xavi o incluso Casillas habrían podido ganar un trofeo individual.

Al menos, eso sí, este año el premio del Balón de Oro ha vuelto un poco a la clandestinidad y nos hemos dejado de galas, trajes de paleto de película americana, intrigas y mamoneos varios en la sede de la FIFA.

 

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