El lento final de Maduro

Sólo el miedo a las represalias por parte de la inteligencia cubana en que se apoya el núcleo duro del régimen chavista mantiene la cohesión interna en el Ejército

La larga agonía del régimen chavista, y más completamente del madurismo, se está alargando mucho más de lo que se podía esperar. Sin embargo, aunque relativamente tímidos y limitados, asistimos de modo inédito a los primeros resquebrajamientos serios del apoyo militar al régimen, que se unen a la ola de reconocimientos internacionales a Juan Guaidó como presidente interino y al descrédito interno de Maduro ante los propios chavistas, muchos de los cuales le critican ya abiertamente.

La liberación de Leopoldo López por parte de uniformados del arresto domiciliario que sufría desde 2017, tras haber pasado más de tres años en una cárcel venezolana después de una pantomima de juicio, invitan a pensar que en el seno de las fuerzas armadas, aunque exteriormente se mantiene el apoyo formal al sucesor de Chávez, a nivel interno las cosas no están tan claras. Sólo el miedo a las represalias por parte de la inteligencia cubana en que se apoya el nucleo duro del régimen chavista y que se ha infiltrado cual parásito en Venezuela mantienen la cohesión interna.

Aún así, Nicolás Maduro está perdiendo el pulso. En otro tiempo, como cuando Leopoldo López fue detenido, juzgado y condenado, hace mucho que Guaidó y muchos otros miembros de la oposición estarían ya en la cárcel. Hoy, son libres. Hace mucho que el hombre que hablaba con Chávez reencarnado en pajarito ha perdido la batalla de la calle y sabe que no cuenta con respaldo suficiente para seguir usando a su antojo los resortes del poder en su propio beneficio.

Sin embargo, la caída del régimen chavista no sería el fin de todos los problemas, sino el inicio de otros nuevos. Venezuela es un país que, incluso en los periodos de bonanza, ha sufrido un problema endémico de violencia, que se ha exacerbado en los últimos veinte años hasta llegar a niveles dramáticos.

Las milicias paramilitares chavistas en las que principalmente se apoya Maduro, fuertemente armadas y que han gozado de una vergonzosa impunidad para imponer su ley del terror, se resistirán a perder sus privilegios.

Por ello, resultan de una irresponsabilidad supina las declaraciones de Pablo Iglesias, que el gobierno chavista no ha tardado en publicitar, según las cuales el gobierno español, Borrell en concreto, ha reconocido en privado que fue un error apoyar a Guaidó. Es más, según añade Iglesias, quien pontifica desde la tranquilidad de Galapagar, lo que desea Guaidó es un baño de sangre. El gobierno español se ha mostrado a la altura, sin embargo, dando refugio en la residencia de su embajador en Caracas al liberado Leopoldo López y su familia.

Me temo que se derramará sangre, pero no porque sea deseo de la oposición venezolana. El gobierno bolivariano ya ha mostrado su falta de compromiso con la democracia y la libertad en muchas ocasiones y se ha convertido por derecho propio en un paria internacional. Habrá que seguir atentamente la evolución de este nuevo pulso, que puede acabar precipitando la caida final de Maduro.

*Abogado y politólogo.

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