La bandera no alimenta

El corazón no suele atender a razones, y eso algunos políticos lo saben. Mientras se habla de la bandera no se habla de otras muchas cosas



Vivimos tiempos de rearme de los nacionalismos, separatista o no. El nacionalismo no entiende de demasiadas razones y, a menudo, distorsiona tanto el debate político que nos deja a quienes creemos que la política debe tener más de gestión y de planificación que de sentimiento, muy al margen.

A pesar de ello, no está de más recordar una vez más que el nacionalismo, la bandera, no alimenta. Ni crea puestos de trabajo a excepción de los arremolinados en torno a unas y otras fundaciones patrióticas de bandera en pecho y griterío superfluo.

El corazón no suele atender a razones, y eso algunos políticos lo saben. Mientras se habla de la bandera no se habla de otras muchas cosas, y, dicho sea de paso, hablar de bandera y de los enemigos de la patria es mucho más sencillo y directo que no el hablar de las cosas que verdaderamente importan.

El modelo de pensiones, un verdadero pacto por la educación, la transición energética o la apuesta por sectores productivos estratégicos son temas demasiado complicados y aburridos para una gran masa que se está acostumbrando a la crispación y a la confrontación.

Decía en mi anterior artículo en EsDiario que quienes han hecho país han sido los moderados. Y a tenor de lo que hemos visto en Andalucía con la irrupción de una fuerza ultra nacionalista como es VOX o la incitación velada a la violencia que ha hecho el señor Quim Torra tras poner encima de la mesa la ya famosa vía eslovena, no ayuda, para nada, a seguir construyendo país.

Y hoy, por si fuera poco, nos desayunamos con que España ha registrado su cifra histórica más baja de nacimientos y la más alta de fallecimientos. Algo falla si nuestros políticos no están hablando de esto que es vital para garantizar las pensiones y el sistema del futuro y están hablando, por el contrario, de sentimientos y banderas.

La bandera, amigos, no alimenta. La bandera sirve para unirnos como grupo humano y para identificarnos frente a otros, pero jamás debiera ser un elemento clave y decisorio en el día a día de nuestra política. No es más patriota quien más besa la bandera, ni una ni otra, sino quien de verdad trabaja por mejorar la vida de quienes están representados bajo ella.

La bandera a los balcones de los ayuntamientos, y los políticos a hacer política de verdad.

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