Agresores sexuales de equipo: cómo actuar ante estos depredadores

Si observas un vehículo sospechoso del grupo de posibles acosadores bárbaros, hazle una foto y envíala. Los jóvenes del entorno pueden prevenir una agresión avisando a la policía

En estos últimos tiempos vemos demasiadas veces en casi todos los medios de comunicación las noticias de posibles grupos de “vampiros” que parece ser van buscando no precisamente sangre, sino los placeres de la depravación de recreo conjunto, es decir, la captura de una persona vulnerable, inconsciente, a ser posible sola, para que los depredadores puedan imaginar en su psique metamorfoseada qué hacer con su presa y así cubrir esos deseos atípicos sexuales.

De esa forma incrementan su sentimiento de dominación, cambio de roles, sentimiento de poder, provocación del miedo y del terror, así como la fascinación que tienen al aprovechar una oportunidad de hacer el mal como si de un juego se tratase y cubierta la idea por otros que conjuntamente hacen las mismas cosas por la atracción del propio “linaje del equipo de energúmenos” de un certero aquelarre de salvajes que carecen de empatía.
El modus operandi suele ser el mismo. Algunos del grupo son claves como niños dandis con la capacidad que tienen para encantar a una joven, o convencerla de pasar un buen rato (con mentiras o no), de un tipo tal vez inverosímil, del que no te crees que vaya a ejecutar una maldad y el cual lleva su disfraz camaleónico de joven encantador, simpático, marchoso y que sabe dar mucho juego al divertimento, al recreo, a la buena vida, con pinta de pijo guapito, o de macarra con clase.

Por otra parte están las sustancias prohibidas o no, que tras su consumo hacen que la fortaleza mental, la voluntad de una persona sola, desaparezca, y estas pueden ser suministradas por ellos mismos o tal vez la víctima “ya este demasiado etílica o drogada” como para que el grupo la escoja y aceche para hacerse con su trofeo (porque lo piensan así). La víctima llega a pensar que es una situación inhóspita, pero no puede decidir en esos momentos qué hacer para salvaguardar su seguridad porque su mente es un barco a la deriva por el consumo de sustancias y todo divaga, como en un sueño.
Realmente es todo un artificio organizado, bien pensado, con premeditación y alevosía, montado por el grupo de abusones, que a mayores victorias suman mayores experiencias para adquirir a las supuestas delicadas presas que previamente observan como vulnerables, inermes, y susceptibles de ser cazadas, como una panda de mortales tiburones que ellos mismos se creen, en un océano lleno de posibles objetivos almibarados.
Hoy con más fuerza y sentido común que nunca nuestros centros de enseñanza deben de poner en tela de juicio todos estos temas a los jóvenes, donde aprendemos a defendernos de estas cuestiones que nos pueden parecer normales, pero que no lo son. El debate te hace “sacar conclusiones interesantes” y sobre todo los medios oportunos que te aconsejan los educadores.

Detectar a estos presuntos tiburones es una cuestión importante (los testigos). Los jóvenes del entorno pueden ser decisivos a la hora de interrumpir las acciones advirtiendo a otros mediante WhatsApp, o llamada a un centro de emergencias o la policía. Esto sirve para identificarles antes de que hagan nada.
Es posible que no te quieras meter en ningún lío, pero tan solo estás advirtiendo de que “ves algo que no está bien”, porque ya estas visualizando algo que no te gusta. Llamas a emergencias y los profesionales comprobarán si es así o no. Puede que estés evitando algo. Si te da apuro, se lo dices a tus padres o un hermano mayor. No hay que olvidar que la información inmediata puede evitar situaciones muy complicadas.
Por otra parte las propias chicas deberían de hacer lo mismo si tienen la sospecha de que algo va mal, advertir antes a alguna amiga-o (si les da tiempo) y algo que no deben de consentir es quedarse solas.
Una sola persona sea una chica o un chico es un elemento de vulnerabilidad importante, y más en zonas urbanas amplias, calles desiertas, lugares estrechos como pasillos cerrados, zonas oscuras, en casas no conocidas o lugares abandonados, patios de portales, garajes, parque públicos extensos. Incluso en fiestas donde hay muchas personas pero nadie te puede ver porque están pendientes de sus flirteos y sus risas.

Quedarte sin batería no es aconsejable, ni tener el teléfono apagado y es bueno que en algún momento te pongas en contacto con alguien, aunque sea por mensajería. Si observas un vehículo sospechoso del grupo de posibles acosadores bárbaros, hazle una foto y envíala.
La voluntad está reñida con la confianza. La voluntad se pierde tras el consumo masivo de alcohol o drogas y -la voluntad queda completamente desprotegida- para dar paso a una confianza abierta (El consentimiento que dicen en algunas sentencias), que significa que una persona “se ofrece voluntariamente” a un acto y que lo consiente (estamos viendo en la televisión constantemente la diferencia entre el abuso y la agresión). Otra cosa que tienen claro los depredadores es “la oportunidad”, el momento en los que ellos actúan, por lo que no hay que ponerlo fácil, tomando todas medidas de prevención posibles.
Otra cosa para debatir por los expertos, juristas y los políticos es si debería cambiar el código penal frente a estos delitos de grupo tan típicos en nuestros días, en los que cada día vemos muchos más casos.
Deberían de penarlo con más firmeza y contundencia para mayor protección de la propia sociedad.

*Oficial de Policía Local y GrupoEmeDDona

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