20 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La segunda derrota de Sánchez en 24 horas da alas al tándem de Casado y Rivera

El intercambio de libros de Sánchez y Rivera.

El intercambio de libros de Sánchez y Rivera.

Rivera fue Rivera al cuadrado, crecido por el éxito del día anterior, y Casado volvió a ser el que es y no fue en TVE. Sánchez recurrió a un plan B pero ni la ayuda de Iglesias le bastó.

Pedro Sánchez frotó su lámpara y de ella no salió un genio; salieron Santiago Abascal y Pablo Iglesias. Ambos fueron, por razones muy distintas, las dos muletas sobre las que se apoyó el candidato del PSOE para intentar recuperarse de la severa cojera que le dejó el primer debate, el de TVE

A Abascal y su partido, Vox, los invocó en una decena larga de ocasiones para alertar de la "confrontación y la crispación" que se le viene encima a España como un nublado si gobiernan las tres derechas.

A Iglesias no hizo falta invocarle: ya se ocupó el candidato de Unidas Podemos de acudir al rescate del socialista, incapaz de defenderse solo de las dentelladas de Albert Rivera y Pablo Casado -por ese orden". "Pablo, le llamaste golpista en el Congreso de los Diputados. En esto sobreactuáis un poco y la gente se da cuenta. Las barbaridades que decís no son sensatas", dijo Iglesias a Casado y Rivera

Rivera fue Rivera al cuadrado. Crecido por lo bien que le había ido su estrategia de confrontación en el primer debate, quiso más. Tanto que por momentos se excedió en sus interrupciones, aunque para él fue un trofeo desquiciar al presidente: "Señor Sánchez, no se ponga nervioso, que se pone muy nervioso conmigo", ironizó.

Y Casado fue, al fin, Casado. El que ha venido siendo estos diez meses, el que le espetó a Sánchez a la cara que es "un peligro público para España" y le advirtió de que "no se puede blanquear el terrorismo ni el separatismo a cambio de un puñado de escaños", porque los españoles no lo olvidarán. 

Aunque en las horas previas la dirección nacional del PP se había mostrado muy satisfecha con la actuación de su presidente en el primer debate, es evidente que para el segundo cambió de estrategia, consciente de que Rivera le había robado virtualmente el título de líder de la oposición a Sánchez.

"Ya estamos con las primarias de la derecha, a ver quién dice la mayor barbaridad", señaló Sánchez, en uno de los pocos momentos que, sin coger papeles, estuvo atinado: porque la batalla entre Casado y Rivera por ser la antítesis al candidato del PSOE marcó el ritmo y el tono del debate. 

Fue un debate de dos horas muy bronco, con descalificaciones de todo tipo e incluso intercambio de libros por parte de Rivera y Sánchez (el primero regaló al del segundo su propia tesis doctoral, Sánchez le correspondió con el libro sobre Abascal que ha escrito Fernando Sánchez Dragó).

Y también de fotos: Rivera exhibió la de la líder del PSE, Idoia Mendia, brindando con Arnaldo Otegi por Nochebuena. Sánchez mostró un cuadro de votaciones del Congreso en el que Casado y Rivera votaban lo mismo que Bildu. 

Solo Iglesias se mantuvo al margen de la pelea: "No hay que interrumpir todo el rato, se puede ser educado en un debate. A mucha gente que le vota no le gusta que usted sea tan impertinente", le dijo a Rivera

Casado fue solvente con los números y un auténtico estilete para el socialista, y además entró -esta vez sí- en el cuerpo a cuerpo contra el candidato de Cs cuando éste le buscó las vueltas. "En Andalucía, en cuatro años de gobierno con Susana Díaz usted se opuso a quitar el impuesto de sucesiones", le recordó en una de las ocasiones. 

Para Sánchez fue otra noche para borrar, aunque no cometió ningún error letal. Cada vez que quería resaltar alguna de las medidas de su gobierno iba a sus papeles, las leía, dando la imagen de un presidente que no sabe lo que ha hecho y ha dejado de hacer su gobierno. Y para colmo solo le faltó tatuarse en la frente "yo no he pactado con los independentistas", y ni por ésas sonó creíble. 

"Le quedan cinco días", le desafió Casado en los compases finales. "Señor Sánchez, le queda poco", añadió instantes después Rivera. Y el socialista acabó como había empezando, tratando de asustar: "Si estas dos derechas y la ultraderecha suman van a hacer lo de Andalucía", advirtió. Su segunda derrota en 24 horas ha dado alas al tándem de centro derecha.

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