La chapuza de firmar el Botànic II en Alicante

Oltra, Puig y Dalmau

Oltra, Puig y Dalmau

La ocurrencia de firmar en Alicante un pacto de nombre valenciano y venderlo como signo de vertebración es algo que no se le ocurre ni al que asó la manteca. Pero al Consell sí.

Nunca ningún Consell ha sido alicantinista. Por mucho que atendiera las necesidades de los alicantinos, cosa que estaría por ser completamente demostrada. La excepción podrían ser los gobiernos de Eduardo Zaplana, y tampoco tanto porque el cuestionado ex-presidente lo que tenía claro es que había que gobernar desde Valencia.

Su antecesor, Joan Lerma, tras ser desalojado del cargo, llegó a acariciar la idea de presentarse a diputado por Alicante. Porque él había sido presidente de todos. Pues hubiera cometido un enorme error, porque, salvo Zaplana, ninguno de los presidentes de la Generalitat (valenciana) habría sido identificado nunca como 'uno de los nuestros' por los alicantinos. Así que a Lerma, más allá de la inercia de las siglas, no le hubieran sacado en hombros en Alicante.

El himno del Hércules CF reza en su primera frase que “Alicante tiene tres cosas que en España son muy famosas: son sus playas, son sus palmeras, y su equipo que es el mejor”. Da igual que sean ciertas esas cosas, que al menos la última todo el mundo sabe que no. Lo importante es la autoestima, que en Alicante, aunque sea mezclada con victimismo, es notable, y con tendencia a mejorar. Pero de cantar con fervor el himno deportivo (los que van al Rico Pérez aunque no juegue el Real Madrid) a creerse que el Consell se ha hecho alicantinista por firmar su acuerdo en Alicante hay un abismo.

Y no son pocas las asociaciones y entidades -amén de particulares- que en Alicante han empezado a criticar el postureo de desplazar por unas horas desde Valencia hasta el Castillo de Santa Bárbara a negociadores y firmantes del nuevo acuerdo de gobierno para acabar mezclándolos con atónitos turistas de paso -como ellos- por la fortaleza. Total, para ponerle un nombre valenciano al documento.

El diario Información, una de las tres patas del alicantinismo, recogía testimonios críticos con la solución adoptada tras haber propuesto sin éxito la fórmula del 'Pacto de Alicante'. Hombre, peor fue lo de Irene Montero, que lo llamó 'de Valencia' en un reduccionismo indigerible de la realidad de la Comunidad Valenciana tratándose de un político de su rango. Su colega de Podem, Rubén Martínez Dalmau, también había propuesto el nombre de 'Pacte del Montgó', que le pilla más cerca de casa (es de Teulada) y del trabajo (en Les Corts). Pero ni por ésas.

Dado que, por tanto, la lectura del alicantinismo del Consell con este caso como prueba se cae por su peso, cabe hacer otra interpretación del acto en la cima del Benacantil. El Ayuntamiento de Alicante y especialmente la Diputación de esa provincia prometen volver a ser esta legislatura (que le pregunten al conseller Vicent Marzà por lo que pasó en la anterior) los más importantes contrapoderes institucionales a la Generalitat si continúan en manos del centro-derecha. Entonces, llevar la firma del pacto autonómico allí puede que simplemente fuera una primera forma de oponerse a la oposición.

 

 

Comenta esta noticia
Update CMP