| 29 de Mayo de 2024 Director Benjamín López

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Carles Puigemont
Carles Puigemont

Predicando en el desierto, o...Nos toman por gilipollas

Todo el mundo se preocupa por qué clase de mundo dejamos a los que vienen detrás pero eso, cada día está menos en nuestras manos

| Manuel Avilés Edición Alicante

Sigo disfrutando del enrevesamiento, o sea, encabronamiento de la situación política, desde mi maldad de anciano en las últimas, aunque me  joda profundamente qué mundo les estoy dejando a mis nietos. Todo el mundo se preocupa por qué clase de mundo dejamos a los que vienen detrás  pero eso, cada día está menos en nuestras manos: mucho hablar del cambio climático, de los casquetes  - con perdón- polares que se derriten, de las guerras que se recrudecen porque las armas tienen que venderse, de las leyes que calculan muchas cosas antes de redactarse salvo el bien general…mucho bla bla bla. Pura verborrea en beneficio del sillón del político y nadie hace nada.

Terminado mi bocadillo de mortadela de aceitunas  - ya me gustaría poder ir al Teselas todos los días, pero la Seguridad Social me niega el aumento de la pensión como si los tres niños que he criado y mantenido los hubiera criado otro y no fueran míos. Acabada la humilde pitanza, veo telediarios que aún son gratis, nada de películas encadenadas una tras otra y pagando. 

Disfruto con el pánico del PNV en las elecciones vascas que están a la vuelta de la esquina. La derecha vasca rica y ostentadora del poder durante décadas, que el dicho con Arzallus era: no se mueve una hoja sin que el PNV lo sepa y lo permita. El PSOE  hace de comparsa, mantiene más o menos su nivel electoral y ahora se deja adorar diciendo que hay que votar al que decide. Saca pecho porque sabe que va a decidir. Está dispuesto a dejarse querer. La clave ahora mismo es esa palabra recién inventada: el Sorpaso. Hay pánico en el PNV porque Bildu, no solo les pisa los talones, sino que parece que va a pasarlos en un par de diputados o tres. A pasarlos, no a sorpasarlos.

El derecho a decir gilipolleces, sin demostrarlas, prima sobre el sentido común

Veo los mítines teatreros  - pura escenografía, nada que ver con la realidad. Incluso vale en los procedimientos judiciales cuando uno, acusado de injurias, por ejemplo,  se defiende diciendo: esa afirmación se hizo en un mitin. Y no pasa nada. También vale, en presencia judicial, llamar a uno enfermo mental o psicópata, o una lindeza parecida y afirmar que se hace ejercitando el derecho a la defensa. Y tampoco pasa nada. El derecho a decir gilipolleces, sin demostrarlas, prima sobre el sentido común que, como afirmaba “El Mosca”, profesor de filosofía a cuyas clases había que acudir con paraguas, es el menos común de los sentidos. “El sentido común es el menos común de los sentidos” y esa frase cuando añadía Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, te dejaban duchado para un par de días. Cuatro o cinco frases con más eses, en boca de “El Mosca”, eran una inundación.

Volvamos a Euskadi, grandísimo país en el que he sido feliz  - aunque amenazado y con escolta- muchos años. Me surgen mil preguntas, una esencial: ¿Cómo va a compaginar Sánchez tener como socios de gobierno a BilduPNV con el hecho de pelearse con ellos, llamarse todo tipo de lindezas  y seguir necesitándolos como imprescindibles, sosteniendo el  gobierno. Pujol, gran mago de la política y las finanzas  - acuérdense de las bolsas hacia Andorra- lo dijo claro: La política hace extraños compañeros de cama. Todos los políticos tienen grandísimas tragaderas si de mantener el sillón se trata. Dejé de creer en los políticos hace muchos años. Yo era – eso que los horteras llaman “alto cargo”, pero funcionario- vi un debate parlamentario en el que se dijeron barbaridades. Acabado el debate había quedado con el que llevaba en el PNV los asuntos etarras. Bajé a la rotonda central del Hotel Palace, impresionante con su cúpula y sus vidrieras, sus lujosos sillones y sus camareros pelotas y genuflexos. Allí estaban los mismos que se insultaban en la tribuna del Congreso, partiéndose de la risa y confraternizando. Extraños compañeros de cama que se reían de nosotros como diciendo: estos gilipollas se han creído nuestra  escenificación y nuestra monserga. 

La derecha  - De Manuel me llama facha aunque jamás la haya votado  porque ahora coincido con ella en alguna cuestión- sigue empecinada en el asunto etarra.

He trabajado en esa historia criminal durante bastantes años  - lean las Memorias de Juan Alberto Belloch que lo certifica- y casi me cuesta la vida el enredo en el que me metió Antoni Asunción y me siguió metiendo Belloch-. La dispersión de etarras  - lo he escrito mil veces, lean “De prisiones, putas y pistolas”- la diseñó Antonio Asunción y la ejecuté yo, por eso me quisieron limpiar el forro varias veces y no había ninguna fuerza de seguridad del estado que no me diera por muerto. Ellos me salvaron. Nunca, noten que digo nunca, se pensó en la dispersión como una forma de añadir castigo a los terroristas presos o condenados. Nunca. La dispersión fue una manera de luchar contra la banda, que dio unos frutos inmensos y ahí están los resultados. No podemos, ahora, protestar porque Bildu haga coaliciones o esté a punto de tener a ese chaval con aspecto de profesor de instituto, como lehendakari vasco. Nosotros  - yo personalmente y pagado cada mes con el sueldo de funcionario que me correspondía- me entrevisté a principio de los noventa con centenares de etarras en todas las cárceles del país y el mensaje era siempre el mismo: Dejad de pegar tiros y entrad en las instituciones. Ahí, con los votos suficientes, se puede hacer todo porque todas las leyes se pueden cambiar. Eso está pasando ahora, pero de forma torticera y manipulada.

Tengo entendido  - paso ya de leerla porque la voté en su momento y me costó dos meses de frío y miseria en el polvorín de Sardón de Duero, vigilando para que se votara en paz- que según la Constitución, la soberanía reside en el pueblo español en su conjunto. O sea, votan los de Almería, Granada, Girona, Lugo y Badajoz. Hasta El Pedernoso – pueblo excelso donde los haya, también vota-. No hay soberanía por parcelas, los catalanes por un lado, los vascos por otro y los del cantón de Cartagena por otro.

Sánchez se ha inventado una amnistía contra un golpe de estado aludiendo al bien común y a la constitucionalidad de la misma. Todo falso. Solo obedece a los votos que le mantienen en el sillón. Esa amnistía demuestra una vez más hasta qué punto son verdad las tesis de la Escuela Crítica de Criminología en la cual me inscribo: Las leyes solo son un instrumento de los que tienen el poder y se hace, esencialmente, para mantener ese poder que ostentan quienes las promulgan. Así de claro. De Bien Común cero patatero.

La prueba está clara, que yo he trabajado cuarenta años en eso: vamos a hablar de un delito deleznable y odiado, la violación. Para dar permiso  - no indulto ni amnistía- a un violador, hace falta que reconozca el delito, que pida perdón, que acuda al curso de rehabilitación de agresores sexuales y que tenga informe favorabilísimo de los equipos técnicos del centro en el que cumple. Nada de eso se ha pedido en el asunto Puigdemont. Amnistiado por la cara, él y sus secuaces que, encima proclaman a voz en grito: la amnistía solo es el principio, ahora viene la autodeterminación. Eso mismo pedía Kubati en el 93, por eso mataban los etarras y se comían años de cárcel. Estos consiguen lo mismo apoyando  un sillón con sus votos y reiterándose en una independencia que tendríamos que votar todos y no ellos solos. Ese mismo argumento lo usa hoy Puigdemont  - ¡aleluya, ha cambiado el peinado para actualizarse!- “amenazando” con dejar la política si no es president. A mi, por ejemplo, no me gusta la monarquía y me jodo y me aguanto porque no hay una mayoría parlamentaria que cambie la Constitución en esa forma de gobierno. Eso es la democracia.

El derecho a decir gilipolleces, sin demostrarlas, prima sobre el sentido común

El asco que siento, como siempre, me deriva a la literatura. Tendrán noticias en breve: El Pedernoso, para mí, el lugar de la Mancha del que Cervantes no  quería acordarse. Pueblo maravilloso que encabeza una alcaldesa que se sale del tablero. “Quijote negro e histórico”. Lo vamos a hacer para gloria de la literatura y disfrute de todos esos ciudadanos amantes de los libros. Les mantendré informados.

No se lo van a creer, pero si no lo cuento reviento: Ayer entró en mi casa una mujer inmensa. Me escribió con fuego en el suelo: Te amo. Me acogió como jamás en mi vida. Me leyó dos o tres frases del 357 Magnum y cometí ahí mismo  - para enfado del sacristán y el obispo- varios pecados de obra y pensamiento. Hice el ridículo, como corresponde a mi edad, pero fui feliz en la medida de lo posible. Ella prometió volver y no hago otra cosa que esperar, como Sabina. “Duermo y dejo la puerta de mi habitación abierta, por si acaso se te ocurre regresar…”

Mascarada de la Santa Faz. Magnifica fiesta popular. Todo el mundo tirado a la calle con cañas y sin barro. La gente- todos somos gente-  quiere pan y circo. El obispo, el dean, el sacristán y hasta el monaguillo se empeñan en reivindicar lo imposible, que ese cuadrito del XVI, tocó el rostro del gran Jesús de Nazaret. Lean, de mi amigo y maestro Juan Eslava Galán, “El fraude de la sábana santa y otras reliquias”. La próxima semana escribo de eso, si no me piden por este artículo prisión incondicional y sin fianza.