Los audios clave del crimen de Garrucha: el abuelo del niño aporta mensajes del investigado el día del crimen

Los mensajes, enviados horas antes del fallecimiento del niño, muestran a la pareja de la madre “angustiada” y sin localizar al menor

Fachada principal de los juzgados de Vera.RAFA GONZALEZ

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El caso del pequeño de cuatro años hallado muerto en un búnker de la playa de Garrucha (Almería) el pasado 3 de diciembre suma nuevos elementos a la investigación judicial. El abuelo materno del menor ha aportado este viernes una decena de audios que el principal investigado, pareja de la madre del niño, le envió el mismo día de los hechos y que ya forman parte de la causa.

El testigo, que ejerce la acusación particular, ha declarado durante cerca de cuatro horas en la sede judicial de Vera, donde ha detallado, además del contenido de dichos mensajes, el contexto en el que los recibió y la evolución de la relación familiar en los últimos meses.

Según las fuentes consultadas, los audios habrían sido remitidos entre las 18:20 y las 18:26 horas, cuando el investigado se mostraba visiblemente alterado y afirmaba desconocer el paradero tanto de la madre del menor como del niño, asegurando además que el pequeño “estaba malo”.

Sin embargo, la investigación forense sitúa la muerte del menor varias horas antes de esos mensajes, concretamente durante la mañana del mismo día, como consecuencia de lesiones internas de carácter violento. Por lo tanto, este desfase temporal añade un elemento especialmente relevante al análisis de los investigadores.

Además, los audios también reflejarían la aparente angustia del investigado en los momentos posteriores a la desaparición del menor, así como la comunicación con el entorno familiar del abuelo materno, a quien trasladó la situación de forma urgente.

Junto a ello, la investigación judicial estudia la posible manipulación de diferentes móviles, ya que existen indicios de que el investigado pudo haber tenido acceso tanto a su propio teléfono como al de la madre del menor, lo que habría permitido el reenvío de mensajes entre dispositivos antes de que el móvil del abuelo entrara en la cadena de comunicaciones.

Durante su declaración, el abuelo del menor también ha descrito un cambio progresivo en la actitud de su hija tras instalarse en Garrucha y retomar la relación con el ahora investigado. Según su relato, la comunicación, que inicialmente era constante y cercana, especialmente mediante videollamadas con el niño, se fue deteriorando con el paso del tiempo.

El testigo ha asegurado que la joven comenzó a mostrarse más “cohibida” y con dificultades para expresarse con libertad, coincidiendo con el inicio de la convivencia con su pareja. Además, ha afirmado que en alguna visita a la vivienda detectó desperfectos importantes en el domicilio, que le hicieron sospechar de posibles episodios de violencia, aunque sin evidencias directas en aquel momento.

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La última vez que el abuelo vio al pequeño fue apenas un día antes del crimen, a través de un vídeo familiar en el que el niño aparecía con molestias en los dientes. Este caso, que continúa bajo instrucción judicial, mantiene imputados tanto a la madre del menor como a su pareja, mientras la acusación particular insiste en la necesidad de esclarecer el papel de cada uno en una investigación que sigue sumando piezas clave para reconstruir las últimas horas de vida del menor.