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Revuelo en Casa Real: el sobrino oculto del Rey Felipe se mete a monje Shaolín

Simeón Hassan de Bulgaria, primo de la Princesa Leonor y de la Infanta Sofía da un giro radical a su vida. Una decisión sorprendente pero 'de casta la viene al galgo'

Kitín Muñoz, la Princesa Kalina y Simeón Hassan, en Madrid, en julio de 2020.

Kitín Muñoz, la Princesa Kalina y Simeón Hassan, en Madrid, en julio de 2020.GTRES

David Lozano
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Tiene 18 años recién cumplidos, la edad de las grandes decisiones... o de los grandes volantazos. Mientras su prima, la Princesa Leonor se viste de uniforme militar y la Infanta Sofía hace maletas para su periplo académico internacional, Simeón Hassan Muñoz ha decidido tomar un camino menos transitado, por decirlo suavemente. Este joven, hijo de Kalina de Bulgaria y del aventurero Kitín Muñoz, acaba de dejar con la boca abierta a más de uno -también en la Casa Real española- al anunciar que se marcha a entrenar con los monjes Shaolín. Sí, a Henan, China. Y no de turismo precisamente.

El movimiento no es sólo exótico: es un gesto cargado de significado. Mientras en La Zarzuela se insiste en proyectar una imagen de juventud institucionalizada, comprometida con los deberes de la Corona, Simeón prefiere la vía zen y los golpes de Kung Fu. Su plan es claro: inmersión total en la filosofía oriental, entrenamiento físico y mental bajo la tutela de los guardianes milenarios de las artes marciales. Para ser admitido en el templo, no vale con tener sangre azul; hay que convencer a maestros que huelen la disciplina -o su ausencia- a kilómetros.

Y es que Simeón no es un royal cualquiera. No solo es sobrino del Rey Felipe VI, sino también parte de una familia con conexiones reales tanto por los Borbones como por los Orleans. En su árbol genealógico hay más nobleza que en un desfile del Día Nacional. Pero su entorno siempre fue otra historia. Kalina, su madre, fue ese verso suelto del círculo real europeo: estética ecléctica, decisiones vitales impredecibles y una boda con Kitín, que no solo fue pareja de Letizia Ortiz (sí, de nuestra Reina), sino también un icono de la aventura y la vida nómada.

Que el hijo de ambos no quiera pisar universidades elitistas ni academias diplomáticas, sino que prefiera el silencio del monasterio y la técnica del kung fu como forma de vida, tiene algo de poético. También de provocación involuntaria. Porque aunque en Zarzuela nadie lo dirá abiertamente, la noticia ha sentado como una bola curva. No por lo que implica directamente, sino por el contraste. En un momento en que la Corona necesita ejemplaridad, unidad y previsibilidad, aparece un primo que se va a China con la intención de "encontrarse a sí mismo" a base de patadas giratorias.

Más allá del exotismo, lo cierto es que Simeón ha heredado mucho de sus padres. Del gusto de Kalina por lo alternativo y del espíritu libre de Kitín, que ha dado media vuelta al mundo en expediciones imposibles. No es casual que en su visita al templo Shaolín -documentada en prensa y redes- Kalina terminara marcándose una demostración marcial con más entusiasmo que técnica. Lo lleva en la sangre.

Mientras tanto, la Casa Real observa desde la barrera. Felipe VI, que compartió infancia con Kalina y mantiene una historia familiar intensa con los descendientes del último zar búlgaro, no puede evitar cierto desconcierto. La decisión de Simeón es un recordatorio incómodo de que los lazos de sangre no siempre trazan caminos paralelos. En la esfera pública se premia la imagen contenida, el gesto medido, el protocolo. Y ahí está el primo, a miles de kilómetros, buscando el equilibrio espiritual entre bambús y adoquines de piedra.

¿Hay tensión entre ramas familiares? La respuesta oficial será siempre un educado "cada uno elige su camino". Pero lo cierto es que este nuevo giro vital de Simeón añade una nota más a la partitura disonante que compone la familia ampliada del Rey Felipe. Un hijo de la realeza centroeuropea, criado entre castillos, embajadas y aventuras en altamar, que decide abrazar la dureza de una vida monástica oriental. Eso no se esperaba en Zarzuela, "ni se digiere fácil", explica a ESdiario una fuente cercana a Palacio.

Quizá por eso su viaje no solo es noticia de corazón, sino también de Estado. Porque cada paso fuera del guión tiene eco. Y porque incluso en los márgenes de la Corona, las decisiones personales siempre acaban siendo interpretadas como mensajes. Aunque vengan envueltos en seda roja y olor a incienso.

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