Julio Iglesias compra una mansión en España con sorpresa dentro
El cantante español más internacional adquiere la inmensa propiedad sin ni siquiera visitarla y cumple así una vieja promesa
Julio Iglesias durante uno de sus conciertos. Europa Press Reportajes / Europa Press 01/1/1970
Hay gestos que no necesitan la firma de un notario para tener valor. Algunos, como este, se escriben en la piel de la memoria. Julio Iglesias, sin hacer ruido ni buscar focos, ha comprado una casa en Galicia. Pero no es una casa cualquiera. Es una promesa cumplida. Una deuda emocional que llevaba décadas cargando en silencio.
Tal y como informa Libertad Digital, la propiedad está en Piñor, un rincón orensano donde la niebla amanece tarde y los veranos huelen a leña. Allí nació su padre, el doctor Iglesias Puga, y allí pasó Julio algunos de los veranos más limpios de su infancia, cuando aún no era ni mito, ni estrella, ni crooner internacional. Solo un niño, un apellido, una raíz.
La casa se llama Santa Lucía —como aquella canción que hablaba de barcos y naufragios— y está ahora en manos de un viejo amigo de infancia, Toncho, el cómplice discreto que ha hecho de intermediario y guardián del proyecto. Fue él quien recorrió estancias, tocó la piedra, respiró la humedad buena del campo gallego y supo que esa era la elegida. Julio ni siquiera ha pisado la finca. Tampoco Miranda. Pero confían ciegamente. Como se confía solo en los hermanos que la vida pone antes de la fama.
La operación no ha sido caprichosa. Según cuenta el mencionado portal , la búsqueda se alargó años. Julio quería Galicia, sí, pero quería esa Galicia: íntima, verde, frondosa, protegida. Con árboles altos, piedras viejas, tejas pesadas. Y sobre todo: privacidad. “Ni el mejor paparazzi lograría una foto desde fuera”, asegura quien la conoce por dentro.
La finca es un oasis gallego con todas las modernidades que necesita un hombre que ya no se juega nada más que la comodidad: piscina (adaptada para su espalda), jacuzzi, ascensor, gimnasio, bodega, salón de juegos con mesa de billar art decó, casita para invitados… y, con una sorpresa dentro, hasta un hórreo tiene la propiedad, ese tótem inmóvil de la arquitectura popular gallega que ahora custodia recuerdos futuros.
La casa que ha comprado Julio Iglesias.
Pero esto no va de caprichos. No hay mudanza ni cambio de residencia. Julio Iglesias no va a dejar el sol de República Dominicana por los contrastes del clima gallego. Esto va, simplemente, de cumplir el deseo de un padre. El sueño de aquel doctor que quería ver a su hijo con una casa en su tierra. No por lo material, sino por lo simbólico.
Y en eso está Julio ahora. En cerrar círculos. En plantar banderas que no ondean, pero significan. En volver, sin regresar del todo. En escribir con ladrillo y musgo una historia que empezó mucho antes de las giras, las portadas o los estadios.
Dicen que en Santa Lucía, en agosto, puedes bañarte a mediodía bajo un sol de plomo y encender la chimenea por la noche sin contradicción alguna. Eso, en el fondo, también es Julio Iglesias.
Y un detalle más: los antiguos dueños no pensaban vender. Hasta que supieron el nombre del comprador. Entonces entendieron que había cosas que no se pueden negar.
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