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Tunda de palos a Aitana por hipócrita: cazada del bús público al jet privado

La cantante ha pasado unos días, junto a su actual pareja Plex, unos días de lujo en Ibiza. Vacaciones de excesos y nada ecológicas…

Aitana y el youtuber Daniel Alonso

Aitana y el youtuber Daniel Alonso "Plex", suben a su avión en Ibiza.GTRES

David Lozano
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Aitana ha vuelto a incendiar las redes sociales. Y esta vez no por su música ni por un cambio de look, sino por la enorme contradicción entre su discurso comprometido con el medioambiente y su afición cada vez más habitual por los jets privados. La artista catalana ha celebrado su 26º cumpleaños con un viaje exclusivo a Ibiza junto a su pareja, el youtuber Plex, y un nutrido grupo de amigos. Hasta aquí todo normal, si no fuera porque el despliegue de lujo ha chocado frontalmente con los valores que la propia cantante ha proclamado en los últimos años.

Barcos de alquiler, carreras de karts, cenas con vistas al mar... y vuelta a Madrid en avión privado. Una postal veraniega digna de cualquier influencer de alto standing, pero que ha terminado por desatar la polémica. En ESdiario hemos podido constatar el creciente malestar que se cuece en las redes sociales, donde muchos usuarios acusan a Aitana de practicar un ecologismo de salón, cómodo para el discurso pero olvidado cuando se trata del propio estilo de vida.

No es la primera vez que Aitana habla del medioambiente. Durante la pandemia, cuando el mundo se paralizó, la ahora novia de Plex reflexionaba en una entrevista sobre la "pausa" como una especie de respiro para el planeta: “De todo lo malo, sacas algo bueno. Y bueno para el planeta ha sido que parásemos un poco. Que de repente los aviones, el tráfico, la contaminación...”.

Y aún fue más allá. En 2020, en plena promoción de la película animada Más allá de la luna, insistía: "Nos estamos cargando el planeta y eso es una realidad". Aseguraba que, en lo personal, intentaba coger más la bici y menos el taxi, más metro y menos coche. Un alegato sostenible que hoy suena, para muchos, a papel mojado.

Ahora, con la imagen de Aitana bajando de un jet privado, la conversación ha virado hacia la incoherencia. Porque ese tipo de transporte —con una huella de carbono por pasajero desorbitada— se ha convertido en símbolo de una élite que predica sostenibilidad mientras se desplaza con más CO₂ que algunos pueblos enteros en un mes.

Y es ahí donde surge el verdadero problema: ¿puede una figura pública defender el medioambiente mientras abusa del lujo contaminante? ¿O se trata de otro caso de postureo verde, tan habitual en el mundo celebrity?

La respuesta no es sencilla. Pero lo cierto es que Aitana, como rostro de una generación que busca ídolos comprometidos y coherentes, ha entrado en un terreno pantanoso. Su imagen —hasta ahora vinculada a la frescura, el talento y la cercanía— se enfrenta a una fractura provocada por el brillo del lujo mal digerido.

Porque volar en jet privado ya no es solo cuestión de clase o privilegio. Es, para muchos, una forma de decirle al mundo que el discurso ecologista es solo eso: un discurso. Y en ese terreno, los fans —y los datos— no perdonan. ¿Seguirá Aitana afinando su conciencia ecológica? O, como temen algunos, ¿se quedará en el limbo de las buenas intenciones y los malos ejemplos?

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