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Aitana: de oruga a mariposa en el Riyadh Air Metropolitano

Con dos llenos consecutivos en el estadio del Atlético de Madrid, Aitana se consagra como la primera artista femenina española en lograrlo.

Aitana durante su concierto en el Metropolitano (Madrid)

Aitana durante su concierto en el Metropolitano (Madrid)

Jorge Patón
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Una oruga necesita al menos entre dos y cuatro semanas en su crisálida para convertirse en mariposa. Un proceso lento, invisible y sin apenas movimiento.

A Aitana solo le bastaron tres horas para completar un proceso que, en el mundo de los insectos, requiere semanas: la metamorfosis. Ese mismo nombre da título a su gira y, entre el jueves y el viernes de esta semana, frente a miles de personas, lo llevó a cabo en tiempo récord.

Antes de que empezara el espectáculo, tanto en la línea de metro que conducía al estadio del Atlético de Madrid como en sus alrededores, se respiraba una energía especial. El perfil del público era tan variado como sorprendente: adolescentes con muñecas, carteles y camisetas de su ídola; madres y padres que repetían concierto por segundo día consecutivo —todo por sus hijas e hijos—; y también adultos, quizá atraídos por la curiosidad o simplemente por la magnitud del evento.

A las 21:00, un gran revuelo alteró a las más de 50.000 personas que llenaban el Metropolitano. Grandes pantallas LED a modo de mariposa comenzaron a batir sus alas luminosas, anunciando que el show estaba a punto de empezar.

Con el primer verso de “6 de febrero”, Aitana consiguió poner en alboroto a la pista y poner en pie a todos los que habían comprado sus entradas para la grada. Era la oruga que, tras un largo proceso, finalmente rompía su capullo.

Con una energía indescriptible y junto a un cuerpo de bailarines entregados, la cantante hizo un repaso por sus éxitos tanto de su último álbum de estudio Cuarto Azul como de sus anteriores Spoiler, 11 Razones y Alpha.

Aitana rodeada de mariposas durante su canción 'Segundo Intento'

Aitana rodeada de mariposas durante su canción 'Segundo Intento'

Un concierto convertido en videoclip

Las pantallas gigantes no se limitaban a acompañar el show de la artista: creaban un lenguaje visual propio, con planos secuencia que se movían al ritmo de la música, efectos que enmarcaban cada paso y escenas que parecían sacadas de una producción cinematográfica. Todo estaba tan perfectamente medido que daba la sensación de que el espectáculo ya venía editado, como si el estadio entero fuera parte de un set de rodaje.

La catalana sacó a todo su equipo al escenario para agradecerles el trabajo realizado

La catalana sacó a todo su equipo al escenario para agradecerles el trabajo realizado

Aunque hubo algunos problemas técnicos con el sonido con pequeños fallos que interrumpieron brevemente la experiencia, nada pareció descentrar a Aitana. Lejos de frenar su entrega, redobló su energía y continuó repasando su colección de canciones con la misma pasión con la que arrancó el concierto. Se notaba que cada tema estaba medido al milímetro, pero también sentido desde lo más profundo. Ni un fallo fue capaz de romper la conexión con su público.

También hubo espacio para las baladas, que dejaron enmudecidos a todos los asistentes. Uno de los momentos más emotivos de la noche fue cuando Aitana se sentó en una de las gradas, rodeada de fans ilusionados por tenerla tan cerca, para cantar “Música en el cielo”, una canción dedicada a su abuelo y a todas las personas que ya no están con nosotros.

Amaral, Aitana y....¿Sebas?

Pero la melancolía no duraría mucho. Minutos después, el estadio estalló de nuevo con la entrada de Amaral, que se unió a Aitana para interpretar “Marta, Sebas, Guille y los demás”, un deseo que la artista ya había confesado hace meses: quería cantarla junto a ellos, y lo cumplió a lo grande. Pero hubo un detalle que no pasó desapercibido: cuando le tocó a Aitana cantar la frase “Sebas se marchó de vuelta a Buenos Aires”, hizo una mueca ligera pero cargada de intención. Una especie de sonrisa torcida que muchos interpretaron como una clara indirecta a su expareja, Sebastián Yatra. Fue sutil, pero suficiente para encender las redes sociales apenas segundos después.

Mientras el show avanzaba, no podía evitar preguntarme algo: ¿será consciente Aitana de la cantante en la que se está convirtiendo? ¿Sabrá que más de 50.000 personas estaban coreando su nombre sin descanso? ¿Será consciente de que, incluso en el metro, su música acompaña a desconocidos que cantan sus letras como si fueran suyas?

¿Puede una chica de veintiséis años ser plenamente consciente de que se está convirtiendo en una estrella global?

No tengo la respuesta. Tal vez nunca la tenga.

Pero lo que sí sé es que, aunque anoche vimos a una mujer adulta batiendo las alas con fuerza —como si fuera su propia mariposa—, en el fondo sigue siendo aquella chica inocente que conocimos en la academia de Operación Triunfo: una persona normal y corriente, que ha ido creciendo, transformándose, y que ha aprendido a contar ese proceso vital a través de sus canciones.

Atrás quedaron los escándalos por sus bailes sensuales con los bailarines. Ayer los repitió, sin tapujos, con seguridad. Y con un gesto directo a cámara que decía sin decir: 'mírame, que lo haré las veces que haga falta'.

Aitana en una de sus coreografías más sensuales del show

Aitana en una de sus coreografías más sensuales del show

Tampoco faltaron las menciones a sus padres, a sus amigos y los agradecimientos a todo su equipo. Incluso hubo una mirada cómplice hacia donde estaba sentado Plex, su actual pareja, el popular youtuber y streamer, que no se pierde ni uno de sus conciertos. Juntos han hecho pública su relación en los últimos meses, y aunque ella apenas lo menciona, los gestos lo dicen todo.

Y como si no bastara con todo eso, Aitana cerró la noche con una promesa: una gira mundial que ocupará su agenda durante todo 2026. Lo próximo aún no lo sabemos —ni ella, quizá—, pero si algo dejó claro anoche es que el vuelo ya comenzó… y no parece que tenga intención de aterrizar pronto.

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