A los 72 AÑOS
Manuel Prado Eulate, hijo del más polémico consejero de Juan Carlos I, reclama el marquesado de Zuya
Discreto financiero y fundador de Oquendo Corporate, ha forjado una sólida carrera aliándose con el banco suizo Mirabaud, su padre, Manolo Prado y Colón de Carvajal, que acabó en prisión, fue uno de los grandes hombres de confianza del Rey Emérito.

Manolo Prado y Colón de Carvajal.
El Boletín Oficial del Estado (BOE) contiene una sorpresa para el mundo aristocrático más conectado con la figura de Juan Carlos I: Manuel Prado Eulate, de 72 años, ha solicitado formalmente la sucesión del marquesado de Zuya, un título que el rey Alfonso XIII concedió en 1920 a su antepasado, el influyente naviero y político bilbaíno Alberto de Aznar y Tutor. Este movimiento, lejos de ser un simple trámite burocrático, pone en el foco a una saga familiar que ha navegado entre la discreción y el poder, con la figura de Manuel Prado Eulate como heredero de un legado tan fascinante como cargado de claroscuros.
Hijo primogénito de Paloma Eulate y del controvertido Manuel Prado y Colón de Carvajal, el que fuera mano derecha de Juan Carlos I, el nuevo marqués de Zuya ha optado por una vida alejada de los flashes. Sin embargo, su trayectoria no pasa desapercibida. Fundador de Oquendo Corporate, una firma especializada en gestión de patrimonios y fusiones empresariales, Prado Eulate ha sabido moverse con soltura en los círculos financieros más selectos. Su reciente alianza con el prestigioso banco suizo Mirabaud no hace más que confirmar su estatus como uno de los financieros más discretos pero relevantes de nuestro país.
Casado con Casilda Aguirre de Cabanyes, este aristócrata de perfil bajo también es un apasionado del polo, un deporte que le ha valido tres Copas de Oro en Sotogrande al frente de su equipo, El Toñanejo.
Un padre en el ojo del huracán
La figura de Manuel Prado Eulate no puede entenderse sin el peso de su padre, Manuel Prado y Colón de Carvajal, una de las piezas clave en la sombra durante los años de la Transición. Considerado el alter ego del Emérito, Prado padre fue mucho más que un amigo del Rey. Fue su hombre de confianza, un estratega que movía los hilos del poder con una lealtad inquebrantable.
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Pero su estrella se apagó tras una serie de escándalos financieros que lo llevaron a prisión, marcando un antes y un después en su vida. A pesar de ello, nunca renegó de su fidelidad al monarca, como dejó claro en sus memorias póstumas, Una lealtad real. Incluso en su caída, don Juan Carlos tuvo palabras para su hijo menor. “No permitas que mancillen el nombre de tu padre”, una frase que resuena como un mandato.
El legado de Paloma Eulate
La madre de Manuel, Paloma Eulate, marquesa de Zuya hasta su fallecimiento en marzo a los 96 años, fue una figura icónica por derecho propio. Su gestión de la ganadería Torrestrella la convirtió en un símbolo de la tauromaquia española, un mundo donde la tradición y la bravura se entrelazan. De su matrimonio con Prado y Colón de Carvajal nacieron tres hijos: Manuel, Teresa y Borja. Este último, expresidente de Endesa y Mediaset, ha sido el más mediático de los hermanos, con una vida pública marcada por su cercanía a la familia real y su influencia en los consejos de administración más codiciados.
La solicitud de Manuel Prado Eulate para asumir el marquesado de Zuya no es solo un acto administrativo; es la reafirmación de una dinastía que ha sabido tejer su influencia desde los ruedos de Medina Sidonia hasta los despachos financieros de Madrid. En un país donde la aristocracia ha tenido que reinventarse, los Prado Eulate representan esa mezcla de tradición y adaptación, de poder en la sombra y discreción calculada. Mientras el BOE registra este nuevo capítulo, la historia de esta familia sigue siendo un reflejo de las intrigas, lealtades y ambiciones que han moldeado la España reciente.