Descubren la lujosa mansión en Madrid del ‘progre’ Gonzalo Miró
El conocido contertulio deja Antena 3 y asciende a copresentador en TVE con Marta Flich, lo que pocos saben de él es de su patrimonio inmobiliario

Gonzalo Miró.
La comunicación la lleva en el ADN. Hijo de la recordada realizadora Pilar Miró, el reconocido socialista Gonzalo Miró ha sabido labrarse su propio camino en un terreno tan exigente como el de los medios. Tras formarse en Nueva York en la disciplina del cine, regresó a España para saltar a la primera línea como colaborador y presentador en programas de televisión tan seguidos como La Roca o Espejo Público de Antena 3, además de su faceta como comentarista deportivo en emisoras nacionales como Radio Marca o COPE.
Ahora, RTVE lo suma a su plantilla en un nuevo proyecto conducido por Marta Flich, un reto que el madrileño afronta con ilusión y determinación.
Pero más allá de su perfil televisivo, la figura de Gonzalo Miró siempre ha despertado interés social. Y no solo por sus intervenciones públicas, sino también por el escenario donde se desarrolla su vida privada: un espectacular adosado de cuatro plantas en la exclusiva urbanización madrileña de La Finca, vecindario habitual de celebridades como Alejandro Sanz o Iker Casillas.
Cuenta la revista Lecturas que la vivienda, de más de 600 metros cuadrados, parece sacada de una revista de arquitectura. Firmada por el prestigioso estudio A-cero, cuenta con una amplia terraza con piscina, un ascensor interior y un diseño en el que predominan los contrastes entre blancos luminosos y negros elegantes. La luz natural, que inunda los espacios gracias a enormes ventanales, es la verdadera protagonista del salón principal, conectado con la terraza exterior que se divide en tres ambientes: comedor, zona chill out y piscina.
En el interior, destacan piezas de arte contemporáneo como un gran lienzo de Mercedes Rodríguez que preside el comedor, o los detalles de aluminio que el estudio de Joaquín Torres y Rafael Llamazares suele imprimir en sus proyectos. Dormitorios sobrios, cocina equipada aunque poco utilizada y rincones destinados al descanso completan un hogar que refleja a la perfección la personalidad de su dueño: discreto, elegante y con un gusto muy definido.
Gonzalo, que rara vez habla de su intimidad, muestra así que su vida se mueve entre dos polos: la exposición pública que le exige su carrera y el refugio privado que ha sabido construirse en uno de los enclaves más codiciados de Madrid.