La angustia que mantiene en vela a la Reina Sofía estremece a la monarquía
Un verano marcado por el miedo y la incertidumbre ha sacudido la paz de la Reina Sofía, dejando al descubierto el lado más humano y vulnerable de la familia real española.

La Reina Sofía viaja a Grecia en su verano más amargo
La Reina Sofía ha vivido un verano profundamente triste marcado por la salud de su hermana, Irene de Grecia. Con su estado avanzado de Alzheimer y apenas consciente de su entorno, Sofía ha vivido cada noche con el temor a que su hermana fallezca sin estar a su lado.
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David González
Desde que la enfermedad agravó la condición de su hermana, la madre de Felipe VI ha experimentado insomnio, angustia y recelos al dormir. Según medios especializados, "no sale de su habitación, apenas come ni duerme" mientras vela por irse junto a Irene cuando llegue el momento.
Grecia, su refugio
Pese a todo, la esposa del rey emérito encuentra alivio en Tatoi. Una escapada a Grecia ha marcado el regreso de una tradición interrumpida y representa una declaración de fortaleza simbólica ante la adversidad familiar.
Este viaje no solo marca el final de un verano atípico, en el que apenas ha pasado unos días en Mallorca, sino que expone las cicatrices de una mujer que siempre ha sido discreta. Rodeada por su familia, incluidas Leonor y Sofía, no ha dejado que el dolor eclipse lo que representa: una madre y abuela orgullosa.
La reina emérita ha decidido pasar el último fin de semana de agosto en Grecia, como hace cada año. La abuela de Froilán, más tarde de lo habitual, para estar junto a su familia, en esta ocasión para asistir al cumpleaños de su cuñada, la reina Ana María de Grecia.