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Mariló Montero estalla por lo que puede ocurrir en la boda de Alberto Herrera: pánico total

Este sábado, 18 de octubre, el hijo de Carlos Herrera y Blanca Llandres sellarán su amor en Sanlúcar de Barrameda. Una ceremonia íntima, envuelta en discreción (o al menos eso pretenden), donde la elegancia y la emoción serán las verdaderas protagonistas

Mariló Montero y Alberto Herrera, en Sevilla.

Mariló Montero y Alberto Herrera, en Sevilla.GTRES

David Lozano
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Faltan apenas unas horas para que suene la música y se abran las puertas de la iglesia de Santo Domingo, en Sanlúcar de Barrameda. Este sábado, 18 de octubre, Alberto Herrera y Blanca Llandres unirán sus vidas en una ceremonia que promete ser uno de los grandes acontecimientos nupciales del año. Tras el “sí, quiero”, los invitados se trasladarán a la Finca Marbella, propiedad de la periodista Teresa de la Cierva, donde comenzará la celebración.

El amor entre Alberto y Blanca ha sido discreto, casi invisible a los focos. Eligieron el silencio como refugio, la intimidad como bandera. Ni posados, ni titulares, ni filtraciones. Y ese mismo velo de reserva cubre ahora su boda: un enlace hermético, blindado incluso para quienes viven de contar vidas ajenas. Los padres del novio, Carlos Herrera y Mariló Montero, se han mantenido firmes en ese deseo de privacidad. Ella, que ejercerá de madrina, lo dijo sin rodeos hace unos días en Espejo Público:

“Que nos dejen un poco en paz, ¿no? No somos del gremio. Por favor, dejadme la entrada en paz. Se casa mi hijo, es un momento de máxima felicidad y es una cosa normal y corriente. Están enamorados, van a ser padres, y será una boda sencilla, hippie”, zanjó con la mezcla exacta de orgullo y ternura.

Este 18 de octubre será, para ellos, algo más que una fecha. Será el broche dorado de una historia tejida con calma, lejos del ruido. En 2026 nacerá su primer hijo, y Blanca lucirá ya su incipiente tripita premamá en el altar, símbolo visible de un amor que se multiplica.

El vestido de la novia, guardado en secreto con la devoción de un rito, lleva la firma del diseñador sevillano Nicolás Montenegro y de su cuñada, la modelo Rocío Crusset. El proceso comenzó a finales de julio, con conversaciones largas y bocetos sobre tela. La última prueba se hizo esta misma semana. “Va a lucir tripita premamá —explica Montenegro a La Razón—. Me parece muy valiente que no haya querido ocultarlo. Está guapísima y transmite una energía preciosa.”

Sobre el diseño, el modisto solo concede unas pinceladas: “Es un vestido muy nuestro: elegante, diferente, con una visión internacional. Ni clásico ni excesivamente nacional. Un vestido que sorprenderá”.

Y así, entre discreción, amor y expectación contenida, Alberto Herrera y Blanca Llandres se preparan para escribir el primer capítulo de su nueva vida. En Sanlúcar ya se respira el aire templado de las grandes noches: esas en las que todo parece empezar de nuevo.

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