Patinazo institucional: Casa Real oculta una cita de la Infanta Sofía con el presidente de Portugal
La hija menor de los Reyes se reunió en Lisboa con Marcelo Rebelo de Sousa en un encuentro privado que reaviva las críticas al hermetismo de Zarzuela y la gestión de la comunicación.

La Infanta Sofía con Marcelo Rebelo de Sousa, presidente de Portugal.
La Infanta Sofía ha sido recibida este fin de semana en el Palacio de Belém por el presidente de la República de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, en una reunión privada que, aunque sin cobertura institucional, ha despertado interés diplomático y mediático. El encuentro, confirmado por el Palacio de la Zarzuela, se desarrolló en un ambiente cordial y de absoluta reserva, sin cámaras ni comunicados ampliados.
La cita coincidió con un breve descanso académico de la infanta, que cursa su primer año universitario en el Forward College de Lisboa. Fuentes próximas aseguran que la joven aprovechó el fin de semana libre para atender la invitación del mandatario portugués, con quien la Casa Real mantiene una relación histórica de respeto y cordialidad. “Fue una conversación distendida, muy natural, sin presencia de asesores ni protocolo”, apunta un contacto diplomático en la capital lusa.
Aunque oficialmente se insiste en que se trató de una visita privada, el gesto no pasa inadvertido. No es habitual que una heredera secundaria de la Corona mantenga reuniones con un jefe de Estado extranjero, y menos aún en solitario. El movimiento, discreto pero simbólico, refleja tanto la buena sintonía entre ambos países como el interés de Sofía en proyectar una imagen propia, alejada del foco institucional pero sin perder relevancia.
Lo que sí ha vuelto a levantar comentarios —y cierto malestar en el entorno periodístico— es la falta de transparencia comunicativa de Zarzuela. De hecho, varios informadores han recordado los recientes desencuentros vividos durante la recepción oficial del Día de la Hispanidad en el Palacio Real, donde la jefa de prensa de la Casa del Rey, Rosa Lerchundi, fue objeto de quejas por parte de los medios acreditados por las restricciones informativas.
Aquella jornada, los periodistas lamentaron la opacidad y la falta de coordinación en un acto de gran relevancia institucional, donde incluso algunos profesionales quedaron fuera de la cobertura prevista por un cambio en la gestión de las acreditaciones. “No hay política de comunicación clara, solo silencios selectivos”, comentaba entonces un redactor gráfico.
El encuentro entre la Infanta Sofía y Rebelo de Sousa se inscribe en esa misma línea de discreción extrema. Ni imágenes, ni notas ampliadas, ni siquiera un breve apunte en redes sociales. Todo se ha reducido a una escueta confirmación oficial, como si Zarzuela prefiriera blindar cualquier aparición que no encaje en su agenda cuidadosamente dosificada.
Sofía, que cumplió 18 años el pasado abril, mantiene el perfil reservado que la caracteriza, aunque su papel público se vislumbra cada vez más definido. En Lisboa, donde goza de libertad plena tras dejar el internado galés, parece moverse con soltura y madurez, pero también bajo la mirada atenta —y preocupada— de quienes desde Madrid vigilan cada paso.