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Los hijos de Aznar (II): Ana, de la 'boda de la tercera infanta' a una vida discreta en Roma
Hija única de José María Aznar y Ana Botella, se casó en 2002 con Alejandro Agag en El Escorial en una boda que simbolizó la cima del poder y presagió su derrumbe.

Alejandro Agag y Ana Aznar Botella.
Ana Aznar Botella, nacida en 1981 en Madrid en el seno de una familia acomodada y profundamente influida por la política —hija única de José María Aznar, expresidente del Gobierno, y Ana Botella—, empezó a ganar notoriedad pública cuando su padre asumió el liderazgo de la oposición y, posteriormente, la presidencia. Aunque José María procuró mantener a sus hijos alejados del foco mediático, la entrada de él y su esposa en la arena política hizo que sus descendientes, incluidos Ana y sus dos hermanos, José María y Alonso, adquirieran mayor protagonismo.
Cursó sus estudios en los centros educativos más prestigiosos de Madrid y, al poder elegir, se inscribió en Psicología en la Open University. Completó su formación con un Máster en Psicología Infantil Aplicada y un doctorado en Psicología Infantil por la Universidad de Kingston, tras lo cual desempeñó roles como docente e investigadora en la Universidad de Surrey y la Universidad de Winchester.
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A los 21 años, el 5 de septiembre de 2002, se casó con el empresario Alejandro Agag en una lujosa ceremonia en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, calificada por la prensa como “la boda de la tercera infanta” y considerada un reflejo de la España engreída y confiada de la bonanza económica. El evento congregó a más de 1.100 personalidades de la política, la alta sociedad y la realeza —incluidos los reyes Juan Carlos y Sofía, Tony Blair con Cherie, Silvio Berlusconi, Rodrigo Rato, Francisco Camps, Jaume Matas y figuras como Miguel Blesa, Francisco Correa o Luis Bárcenas—, en un despliegue que parecía un himno al éxito y a las mayorías absolutas.
«Ana es joven pero, a los veinte años, una chica es ya muy responsable y madura, sabe lo que quiere», declaró su madre en esa época. José María Aznar, en su calidad de presidente del Gobierno, llevó a su hija al altar en una ceremonia que respetó las costumbres tradicionales. Sin embargo, 23 años después, muchos asistentes han visto sus trayectorias marcadas por escándalos, prisión, descrédito o muerte —lo que algunos articulistas han denominado “la maldición de El Escorial”—, desde el suicidio de Blesa en 2017 tras juicios por corruptela, hasta las condenas de Correa, Bárcenas, Rato o Matas por casos como Gürtel, pasando por el estigma de Blair por Irak o los litigios de Berlusconi hasta su fallecimiento en 2023. Incluso en el plano personal, matrimonios como el de Ana Mato y Jesús Sepúlveda, o Nieves Álvarez y Marco Severini, se disolvieron en medio de infidelidades y escándalos. No todos cayeron: Ana y Alejandro permanecen unidos, al igual que José María Aznar y Ana Botella.

Ana Aznar y Alejandro Agag en su boda.
Tras la boda, la pareja se instaló en Londres, en el barrio de Chelsea, donde Ana se enfocó en la psicología infantil y Alejandro en el automovilismo, emergiendo como referentes en Fórmula 1 y en el desarrollo socioemocional de los niños. Allí nacieron sus cuatro hijos: Alejandro (2004), Rodrigo (2005, aunque algunas fuentes lo fechan en 2007), Pelayo (2009) y Alonso (2012). Durante esta etapa, Ana fortaleció su carrera académica —sus investigaciones en crianza, relaciones familiares y desarrollo infantil han sido publicadas en revistas científicas, prensa popular y presentadas en congresos internacionales—, visitando escuelas y hogares para comprender los desafíos familiares. Alejandro, que comenzó en política, dirigió un equipo de GP2 y vio un hueco en el sector sostenible: fundó desde cero la Fórmula E, Extreme E (creada en 2018 con sede en Londres, donde colabora Juan Urdangarin, hijo de la infanta Cristina) y está desarrollando E1, un campeonato de barcos eléctricos.
Tras el nacimiento del menor, la familia regresó brevemente a Madrid, instalándose en un chalet en El Viso adquirido por 2,5 millones de euros, manteniendo su vivienda londinense y visitando a menudo Marbella, donde los abuelos maternos tienen una casa en Guadalmina. A finales de 2022, se mudaron a Roma, una capital práctica y adecuada para criar a sus hijos ya crecidos, llevando una vida apartada del foco público pese al apellido ilustre.
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Ana da clases en una universidad estadounidense, actúa como fundadora y CEO de REC Parenting —una plataforma exitosa que ofrece información fiable, experta y segura para padres, impulsada por su pasión por ayudar a criar niños equilibrados, amables y resilientes—, y se posiciona como psicóloga infantil, conferenciante, investigadora y autora. Alejandro sigue dirigiendo sus empresas globales desde la distancia. Los descendientes de Aznar —Ana, Alonso y José María— han preferido construir proyectos discretos, alejados de la política, en contraste con el legado paterno. El recuerdo de aquella boda en El Escorial perdura como un prólogo simbólico de la corrupción que devastaría la era posterior, abriendo puertas a nuevos liderazgos como el de Pedro Sánchez, mientras la basílica imponente alberga ahora un eco de grandeza marchitada.