Juan Miguel, ex de Karina, en un lío judicial por una secta sexual con víctimas menores de edad
El peluquero, conocido por su relación con la cantante y también por su participación en varios realities televisivos, está salpicado por una delicada investigación judicia.

Juan Miguel Martínez y Yola Berrocal en 2019.
La sonrisa eterna de Juan Miguel, el peluquero más televisivo de España y ex marido de la cantante Karina, se ha visto ensombrecida por un episodio tan inesperado como inquietante. El popular personaje, que conquistó al público por su desparpajo y por sus apariciones en realities, ha visto su nombre mencionado en uno de los procesos judiciales más turbios de los últimos años: el juicio contra la llamada secta sexual de Vistabella, dirigida por el fallecido “Tío Toni”.
El proceso, que se celebra en la Audiencia Provincial de Castellón, intenta esclarecer los presuntos abusos cometidos dentro de una comunidad sectaria en la que incluso menores habrían sido víctimas de coacción y manipulación. En el banquillo se sientan un hombre y cinco mujeres, acusados de distintos grados de participación en los hechos. Lo que nadie esperaba es que, en medio de las declaraciones de los testigos, surgiera el nombre de Juan Miguel.
Según recoge el diario El Periódico Mediterráneo, uno de los antiguos miembros de la organización aseguró ante el juez que fue el exmarido de Karina quien presentó a su madre al líder de la secta cuando ella atravesaba un momento de profunda vulnerabilidad emocional. “Yo conozco a Toni a través de mi madre, que lo conoce a través de Juan Miguel”, declaró ante el tribunal. La mujer, recientemente viuda, buscaba respuestas espirituales y terminó atrapada en los rituales de “Tío Toni”, convencida de que el sexo formaba parte de un supuesto proceso de sanación. Su hijo sostiene que aquel encuentro fue el inicio de un infierno que terminó arrastrando a toda la familia.
El propio Juan Miguel, al ser consultado por el medio, niega tajantemente cualquier vínculo con el caso. “No tengo nada que ver con ese tema”, afirmó, asegurando que solo conocía al líder de oídas porque una de sus empleadas, en los años noventa, “vivía en la finca donde él residía”. “No quiero saber nada de eso”, insistió, visiblemente molesto con la aparición de su nombre en un proceso judicial de semejante gravedad.
El juicio ha destapado un entramado inquietante en el que supuestas terapias espirituales derivaban en prácticas sexuales forzadas. Una de las denunciantes relató que fue obligada a mantener relaciones con el gurú bajo la promesa de curar sus dolencias. Los testimonios dibujan un patrón común: mujeres captadas en momentos de fragilidad, manipuladas psicológicamente y utilizadas en nombre de una fe inventada.
El contraste resulta inevitable. El peluquero que durante años hizo reír al público con su ironía y su naturalidad se ve ahora arrastrado, aunque sea de forma indirecta, a una de las causas más oscuras de los últimos tiempos. No figura entre los acusados, pero su mención en el sumario judicial ha reabierto un capítulo incómodo de su biografía pública.
Durante años, Juan Miguel fue sinónimo de humor y desparpajo, de declaraciones ligeras sobre su vida sentimental y su bisexualidad. Hoy su nombre aparece, aunque de refilón, en un relato de abusos, manipulación y dolor. Un recordatorio de cómo el eco mediático puede alcanzar incluso a quienes un día creyeron estar lejos del lado más sombrío de la realidad.