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Moncloa contra Zarzuela: Pedro Sánchez arruina la imagen internacional de Felipe VI y Letizia

Por primera vez un jefe de Estado español participa en la ofrenda de Tiananmen. La decisión, impuesta por el Gobierno, compromete la neutralidad de la Corona y reabre la batalla entre Rey y presidente

Los Reyes Felipe y Letizia, durante la ofrenda floral en su visita a Pekín

Los Reyes Felipe y Letizia, durante la ofrenda floral en su visita a PekínCASA S.M. EL REY

David Lozano
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Pedro Sánchez ha vuelto a utilizar a la Corona como peón en su partida política. Esta vez, en uno de los escenarios más simbólicos y controvertidos del planeta: la Plaza de Tiananmen, epicentro de la represión comunista en China y cicatriz viva de la masacre de 1989. Allí, el presidente del Gobierno ha ordenado que Don Felipe y Doña Letizia participen en una ofrenda floral ante el Monumento a los Héroes del Pueblo, un gesto que —más allá del protocolo— se interpreta en Zarzuela como una imposición política que compromete la neutralidad y la imagen internacional de la monarquía española.

Nunca antes un jefe de Estado español había aceptado rendir homenaje en ese punto exacto de Pekín. Ni Don Juan Carlos ni la Reina Sofía en 1995 ni en 2007 lo hicieron, pese a las presiones del régimen. Tampoco Barack Obama, ni la Reina Isabel II de Inglaterra. Y no fue por casualidad: el obelisco conmemora a los “mártires revolucionarios del pueblo”, héroes de un régimen totalitario que mantiene censurada, todavía hoy, la memoria de los miles de jóvenes asesinados por pedir libertad y democracia en aquella misma plaza.

Aun así, el Gobierno español, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, obligó a los Reyes a incluir la ofrenda floral en su programa de Estado. Una decisión que fuentes diplomáticas y cortesanas califican de “temeraria” y “humillante”, más aún en el contexto actual de la política internacional, donde los equilibrios con China son materia sensible para la Unión Europea y Estados Unidos.

En la Casa Real hay malestar, aunque nadie lo exprese abiertamente. Según ha podido saber ESdiario, en Zarzuela se considera que este episodio es otro capítulo más del pulso de Sánchez contra la Casa Real. El presidente del Gobierno ha encontrado en la política exterior un terreno fértil para marcar territorio, y su estrategia pasa por controlar hasta el último gesto de los Reyes.

Desde hace meses, el equipo de Exteriores —dirigido por José Manuel Albares bajo instrucciones directas de Moncloa— ha asumido un papel protagonista en la organización de los viajes internacionales de la Familia Real. Los discursos, los recorridos, las fotografías, incluso el orden de los actos, se revisan con lupa desde el gabinete presidencial. “Es Sánchez quien decide, no el Rey”, reconocen fuentes diplomáticas.

En este viaje a China, esa presión ha llegado a un punto de no retorno. La ofrenda floral en Tiananmen, un acto innecesario y moralmente incómodo, se ha percibido dentro y fuera de Palacio como una cesión intolerable ante un régimen que sigue negando los derechos humanos.

La propaganda del régimen y el daño a la Corona

El problema no es solo moral, sino también de imagen. En China, los gestos cuentan más que las palabras, y la imagen de los Reyes de España depositando flores ante el monumento de los “héroes revolucionarios” ya ha sido utilizada por la prensa oficial del régimen como símbolo de “amistad y respeto hacia el pueblo chino”. Exactamente el tipo de propaganda que otros mandatarios occidentales han evitado cuidadosamente durante décadas.

“Con este acto, Sánchez entrega a Xi Jinping una foto que vale más que diez acuerdos diplomáticos”, resume un alto funcionario europeo. La escena contrasta con la prudencia que el Rey Felipe VI ha mantenido desde su llegada al trono, intentando mantener a la monarquía española alejada de toda controversia ideológica o partidista.

Sin embargo, Moncloa parece dispuesta a romper esa línea roja. No es la primera vez: el reciente cambio de protocolo en los Premios Nacionales de Innovación —donde la ministra Diana Morant cerró el acto en lugar de la Reina Letizia— ya levantó ampollas en el entorno real. Este episodio en Tiananmen confirma la tendencia: Pedro Sánchez usa la agenda internacional de los Reyes como escenario para exhibir su autoridad.

Mientras Xi Jinping recibía a los monarcas con honores militares en la inmensa explanada de Tiananmen, el eco de los tanques de 1989 resonaba en el aire. Allí, donde miles de jóvenes fueron asesinados por reclamar libertad, España ha depositado una corona a los caídos del régimen que los aplastó.

El Rey Felipe VI, ajeno a la polémica pero consciente del peso simbólico del acto, pidió en su discurso “fortalecer la confianza mutua bajo los principios de respeto y prosperidad compartida”. Palabras prudentes, medidas, diplomáticas… aunque insuficientes para contrarrestar la lectura política que Moncloa ha impuesto.

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