En Zarzuela no se habla de otra cosa: la venganza final de Doña Sofía contra Don Juan Carlos
Los Reyes Eméritos llevan separados desde hace años. La relación se rompió definitivamente en 2020 cuando él puso rumbo a Oriente. Ahora ella le da una lección con justicia poética

El Rey impone el Toisón de Oro a la Reina Sofía.
En Zarzuela lo admiten sin admitirlo: no se habla de otra cosa. Ni de los discursos institucionales, ni del simbolismo del 50 aniversario de la restauración monárquica, ni del esfuerzo de Felipe VI por mantener cohesionada a la familia. La conversación permanente es otra: el baño de multitudes que la Reina Sofía ha preparado para sí misma, un fin de semana que está siendo leído puertas adentro como una venganza silenciosa, un recordatorio elegante —y demoledor— de su peso real en la historia reciente de la Corona.
Este viernes, el Rey ha impuesto a su madre el Toisón de Oro, un gesto que muchos en la Casa interpretan como una reparación largamente esperada. Doña Sofía junto a Letizia, a la Princesa Leonor y a la Infanta Sofía, en un acto solemne . Pero incluso quienes participan de la organización reconocen que la ceremonia, aunque histórica, es estrictamente institucional y que la verdadera celebración, la que verdaderamente emociona a la Emérita, llega al día siguiente, cuando se abrirán las puertas del Palacio de El Pardo para acoger un almuerzo que ya ha adquirido una dimensión política, emocional y simbólica que nadie imaginaba hace apenas unas semanas.
Ese encuentro, inicialmente concebido como una comida familiar, se ha transformado en un acontecimiento mayúsculo. Doña Sofía tendrá a su alrededor a quienes más ama: sus hijos, sus nietos, sus sobrinos griegos, varios miembros de la rama Borbón y, sobre todo, las Infantas Elena y Cristina, que acudirán con sus respectivos hijos. Ese regreso conjunto de sus hijas —y el entusiasmo con el que la Emérita lo ha acogido— ha sido interpretado en Zarzuela como algo más que un gesto familiar: es la reafirmación de un núcleo sentimental que nunca se quebró y que vuelve a escena precisamente ahora, cuando Doña Sofía recibe el mayor reconocimiento de su vida pública.
El almuerzo, al que también se han sumado Ana María de Grecia, Pablo y Marie-Chantal, Alexia, Nicolás o Teodora, tal y como informa la revista Lecturas, se ha convertido en una suerte de Marivent restaurado, una estampa familiar que Sofía añoraba desde hace años. Y entre esos invitados figura, naturalmente, el nombre que más controversia ha generado: Juan Carlos I.
El Emérito dijo no, luego “ya veremos” y después volvió a decir no. Estaba dolido, molesto, irritado por un aniversario en el que se siente protagonista histórico… pero no institucional. Sin invitación al acto institucional y relegado del programa oficial, interpretó la situación como un nuevo desaire de su hijo. Pero Felipe VI, según explican fuentes consultadas por ESdiario, acabó llamándole. No era una invitación: era una necesidad. El Rey le pidió que acudiera, aunque fuera un rato, porque su ausencia convertiría el almuerzo en un terremoto imposible de gestionar. Finalmente Juan Carlos aceptó, pero será una aparición breve, casi protocolaria.
Y ahí reside precisamente la lectura que recorre estos días Zarzuela: esta vez, el centro emocional de la Monarquía no es él. Es ella. La Reina Sofía ha conseguido reunir a toda la familia para celebrar el aniversario por el que más sufrió, el que más trabajó y el que menos reconocimiento había tenido hasta ahora. Un homenaje cargado de dignidad, sin estridencias, pero con una potencia simbólica devastadora. Tanto, que en los pasillos del Palacio ya lo definen como “la venganza dulce de Sofía”.
Felipe VI, Letizia y sus hijas ocuparán el lugar institucional. Juan Carlos será presencia obligada, incómoda y fugaz. Y Sofía, por primera vez en décadas, tendrá a todos alrededor, con su familia griega desplegada, sus hijos y nietos unidos,
Chismógrafo
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David Lozano