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Cayetano Rivera, cazado: su peligroso doble juego sentimental le pone en jaque mate

La vida del torero está más que movida. Lo que antes era un remanso de calma y normalidad, ahora se ha convertido en un auténtico tsunami personal y, sobre todo, mediático.

Cayetano Rivera en una imagen de archivo,

Cayetano Rivera en una imagen de archivo,Europa Press

David Lozano
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La historia sentimental de Cayetano Rivera vuelve a retumbar en los pasillos del corazón mediático, pero esta vez con una resonancia distinta, más incómoda, más inquietante. Lo que parecía una ruptura discreta con María Cerqueira —tras dos años de una relación sólida y aplaudida— ha terminado revelándose como un episodio mucho más turbio. Según desvelaba Kike Calleja desde Fiesta de Telecinco, la comunicadora portuguesa decidió poner punto final cuando descubrió que el hijo de Carmina Ordóñez mantenía encuentros paralelos con la reportera española de Mediaset Gemma Castaño. Un doble juego. Una historia repetida. Un patrón que vuelve.

La estampa posterior, en París, donde María y Cayetano coincidieron en un desfile y las cámaras captaron un gesto amable, dio pie a especulaciones de reconciliación. Pero la realidad iba por otro lado. Mientras María hacía las maletas emocionales para siempre, Gemma respondía a los periodistas con una ironía afilada —“estoy aprendiendo a torear”— que sonaba más a declaración que a chiste. Hasta un viaje juntos a Italia los deja colocados en un terreno donde lo que no se dice pesa tanto como lo que se deja entrever: gestos cómplices, cercanías inevitables, el lenguaje silencioso de un romance que se escribe antes de confirmarse.

Y entre bambalinas, un detalle significativo: Lucía, la hija de Cayetano Rivera, no ha roto la amistad con María. La mantiene, la cuida, la preserva. Porque la apreciaba de verdad. Porque entendió que su presencia aportaba estabilidad donde ahora solo hay ruido y sobresaltos. Dolor, incluso.

Tormenta personal… y sobresaltos con la ley

Lo sentimental no es, ni de lejos, la única sombra que acompaña al diestro retirado. Quienes le conocen de cerca describen una mala racha que parece no darle tregua: “entre sus accidentes y sus líos amorosos, le vemos poco centrado”, confiesa alguien de su entorno. Y no exagera.

En Madrid fue detenido hace apenas unas semanas, tras un incidente cuyo parte policial todavía colea en los medios. Más recientemente, su accidente contra una rotonda en Alcalá de Guadaíra —impacto, daños materiales, y un Cayetano visiblemente superado— volvió a encender todas las alarmas. Dos sobresaltos en menos de seis meses. Dos episodios que alimentan la sensación de que algo no está bien. No solo en su volante emocional, sino en el literal.

Si Carmina viviera —dicen quienes todavía se estremecen con su recuerdo— no habría permitido esta deriva, ni el distanciamiento casi crudo entre sus tres hijos. Pero la ausencia también pesa. Y en algunos casos, ahoga.

Cayetano, un hombre acostumbrado a la exigencia del ruedo y a las luces medidas del linaje Rivera Ordóñez, parece hoy atrapado en una soledad que no sabe gestionar. Enlaza romances casi como quien cambia de rumbo para no enfrentar el trayecto. Y mientras tanto, los errores, los tropiezos y los incidentes empiezan a dibujar un mapa emocional y jurídico que preocupa a quienes aún lo quieren bien.

Porque a veces, lo que se rompe no es una relación. A veces, lo que se rompe es la persona.

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