ESdiario

Conflictivo plan de Zarzuela: Letizia impone el borrado público de Leonor y la Infanta Sofía

Casa Real vuelve a ‘esconder’ a las hijas de los Reyes Felipe y Letizia. Absoluto silencio y apagón informativo sobre las actividades de la Princesa y su hermana.

La infanta Sofía, Doña Letizia y la Princesa Leonor en la entrega del Toisón de Oro.

La infanta Sofía, Doña Letizia y la Princesa Leonor en la entrega del Toisón de Oro.Europa Press

David Lozano
Publicado por

Creado:

Actualizado:

La penumbra ha vuelto a instalarse en torno a la Princesa de Asturias y a la Infanta Sofía. Un silencio calculado, casi quirúrgico, que marca una ruptura con la etapa anterior, aquella en la que cada avance formativo de Leonor se comunicaba con puntualidad de reloj suizo. Ahora, lo que antes era un flujo constante de imágenes, datos y detalles se ha transformado en un desierto informativo donde cada palabra está medida y cada fotografía, si llega, es una excepción cuidadosamente administrada.

ESdiario ha podido constatar que este nuevo hermetismo no solo desconcierta a la prensa, sino que también ha generado cierta inquietud en círculos internos de la propia Casa Real. No por la discreción en sí —que se entiende como un mecanismo de protección— sino por la intensidad del apagón, que muchos consideran excesiva tratándose de la futura Jefa del Estado y de la segunda en la línea sucesoria. Y ese es el debate que late por debajo de todo: ¿puede España permitirse no ver, no conocer, no seguir el día a día institucional de quienes encarnan la continuidad de la Corona?

Tal y como explica el portal Monarquía Confidencial, la infanta Sofía es el ejemplo más evidente de este giro. Vive en Lisboa una etapa clave de su formación, completamente blindada. Ni fotografías improvisadas, ni planos estudiados, ni vídeos institucionales: nada. La información oficial se reduce a un par de líneas sin matices, sin contexto, sin rostro. Desde el primer día, Zarzuela ha impuesto una barrera casi inexpugnable que no existía durante la adolescencia de Leonor. Y lo ha hecho, aseguran en su entorno, para permitirle una vida “normal”, alejada de la presión mediática que en el pasado golpeó con demasiada fuerza al círculo familiar.

El mensaje privado de los Reyes a su hija menor ha sido claro: prudencia. Cuidado extremo en residencias universitarias, en espacios de ocio, en cualquier zona donde un teléfono móvil pueda convertirse en una cámara indiscreta. Es una estrategia comprensible desde el punto de vista personal, pero que alimenta la incomodidad en ciertos sectores institucionales: Sofía en Lisboa no es solo una joven estudiante viviendo su experiencia en el extranjero, es la número dos en la línea de sucesión al trono.

Con la Princesa Leonor ocurre algo similar, aunque su caso tiene un peso aún mayor. Desde su ingreso en la Academia General del Aire y del Espacio, el pasado 1 de septiembre, las imágenes se cuentan con los dedos de una mano. Tras los primeros planos de su llegada, la comunicación se cerró en un silencio que solo rompen los comunicados oficiales y alguna referencia velada de Felipe VI en actos públicos. Nada comparable a los meses en Zaragoza o en Marín, cuando la princesa aparecía en ejercicios de tiro, maniobras en buques, marchas, clases, ceremonias y nuevamente en su jura de bandera. Hoy, todo eso pertenece a otra época.

La Casa del Rey defiende esta estrategia como un mecanismo necesario para garantizar que Leonor afronte su formación militar sin distracciones, sin ruido externo y con la privacidad propia del cargo que un día asumirá. La cuestión, sin embargo, es si ese planteamiento es compatible con la transparencia que se espera de la institución. Y ahí surge el dilema que se comenta en los pasillos: ¿hasta qué punto es legítimo ocultar prácticamente toda actividad de la heredera de la Corona, cuya figura —por definición— es pública, institucional y vertebral para el futuro del país?

La apuesta de Zarzuela es clara: menos exposición, menos imágenes, menos riesgo. Un control absoluto sobre la narrativa, una protección casi materna sobre dos figuras que, aunque jóvenes, encarnan la continuidad de la monarquía. Pero esa protección tiene un coste. Mantener a las hijas de los reyes en un plano casi invisible tensiona la relación con la prensa, genera sospechas entre quienes defienden una comunicación más abierta y, sobre todo, plantea un interrogante de fondo: ¿se puede construir legitimidad pública sin visibilidad pública?

Por ahora, el hermetismo se impone. Lisboa y Murcia son dos escenarios distintos atravesados por la misma línea de sombra. Sofía busca integrarse en su vida académica sin el foco sobre ella; Leonor avanza en una formación que marcará su futuro. 

tracking