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El corazón en el año de la Constitución: divorcio de Preysler y boda sorpresa de la duquesa de Alba

El 6 de diciembre de 1978 España aprobó en referéndum su nueva Constitución, cerrando la Transición y abriendo una democracia que trajo cambios sociales profundos. El año estuvo marcado por escándalos y separaciones de famosos.  

Julio Iglesias e Isabel Preysler.

Julio Iglesias e Isabel Preysler.Archivo

David González
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El 6 de diciembre de 1978, España sumaba a su ya larga lista de fechas de esas que se recuerdan constantemente, una nueva incorporación. Tras dos años de dudas y negociaciones, el país votaba afirmativamente a su nueva Constitución. La primera Carta Magna desde la de la II República en 1931.

Ese 1978 que culminaba con el nuevo cuerpo legal de la recién nacida democracia fue un año también de cambios sociales. Las revistas del corazón eran el escenario en el que los españoles descubrían a que la vida no era tan rosa como durante el franquismo se había contado en este tipo de revistas. Ese año las grandes noticias fueron separaciones, algo insólito en nuestro país a penas dos años antes.

Tita Cervera dejaba a  Espartaco Santoni al descubrir que el productor estaba casado al mismo tiempo con una actriz mexicana y había cometido bigamia. Después de semanas de escándalo se descubrió que el matrimonio (celebrado en Nueva York en 1975) entre la futura baronesa Thyssen y el venezolano nunca había sido legalizado en nuestro país.

Aunque si hubo una separación que ocupó páginas en las revistas, esa fue la de Julio Iglesias e Isabel Preysler. Mediante un comunicado en ¡Hola! la pareja puso fin a siete años de matrimonio. Era la primera vez que unos famosos confirmaban una noticia así. Julio se desquitó cantando la canción Me olvidé de vivir e Isabel se convirtió en el personaje rosa preferido.

Concha Márquez-Piquer y el torero Curro Romero también se separaban. Mientras, la prensa hacía cábalas con las crisis matrimoniales de Carmina Ordóñez y Paquirri, que un año después acabarían rompiendo su relación.

La boda de Cayetana de Alba

Aunque la novedad fueron las separaciones también hubo una boda del año. En este caso fue la de la duquesa de Alba que acabó casándose con un ex cura izquierdista, Jesús Aguirre. La noticia hizo correr ríos de tinta. Cayetana de Alba era viuda de su primer marido, Luis Martínez de Irujo, desde 1972. Con él había tenido seis hijos y desde entonces había encontrado refugio en la isla de Ibiza donde empezó a construirse su leyenda de aristócrata hippy.

Cayetana de Alba.

Cayetana de Alba.Europa Press

Sin embargo, su boda con el excura Aguirre sorprendió a la España que nacía a la democracia. Jesús Aguirre había sido sacerdote jesuita, compañero de seminario de Joseph Ratzinger (futuro Benedicto XVI) y en los 60 se convirtió en el prototipo del ‘cura rojo’. Sus homilías en la iglesia de la Ciudad Universitaria de Madrid se hicieron célebres y él las recopilaría en un libro, Sermones por España, que tardía años en dejar de ser censurado porque se negaba a que no apareciera la dedicatoria a Enrique Ruano, un joven represaliado por la dictadura y que marcó la biografía de Aguirre. Un fallecimiento que provocó una crisis de fe que lo llegó a colgar la sotana y dirigir la editorial Taurus.

En ese mundo cultural conocería a Cayetana de Alba por amigos comunes y llegaría a convertirse en el más insólito duque de Alba consorte. Su papel en la Fundación de la Casa fue importante y se convirtió en un referente en el mundo intelectual llegando a ingresar en la Real Academia de la Lengua.

El destape

Ese año nacía además una nueva clasificación moral de películas: las clasificadas S. ¿Qué eran? Pues un sucedáneo. El porno no era legal en España pero en estos filmes se podía llegar un poco más allá. El problema es que, en ocasiones, se colocaba este marchamo a películas que más allá del sexo trataban temas complicados para la época. Un ejemplo es El diputado de Eloy de la Iglesia que contaba la historia de un político homosexual y sus problemas para llevar una doble vida.

Junto a esta cinta aparecían otras de corte erótico con títulos que dejaban poco a la imaginación. Entre ellos: Con las bragas en la mano o Carne apaleada.

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