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Escándalo: el marido de Kiko Hernández se encadena ante la Policía en Melilla

Fran Antón sufre cómo le cierran su negocio, que mantiene junto a su pareja al colaborador televisivo, por una decisión administrativa que, considera, responde a una persecución. El lío está armado.

Kiko Hernández y Fran Antón, en el concierto de Pimpinela en Madrid

Kiko Hernández y Fran Antón, en el concierto de Pimpinela en MadridGTRES

David Lozano
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Desde hace meses, Kiko Hernández viene denunciando públicamente lo que considera un trato injusto por parte de algunas instituciones de Melilla, ciudad en la que reside buena parte del año junto a su marido, el actor Fran Antón. Según él, desde que ambos inauguraran el 1 de junio de 2024 la terraza El Cielo de Melilla by Fran y Kiko, situada en la azotea del Hotel Melilla Centro, su actividad habría estado rodeada de trabas administrativas y un clima de presión constante.

Ese malestar se ha intensificado esta semana. El martes 9 de diciembre, la Policía Local ordenó el cierre inmediato del establecimiento y procedió a precintarlo. La noticia se conoció a través de un vídeo que Antón difundió en Instagram, donde aparece visiblemente afectado, con una cadena atada a la cintura y sujeta a la puerta del local, en señal de protesta. Entre sollozos, asegura que el negocio cuenta con la licencia necesaria —documento que mostró ante la cámara— y que desconoce las razones concretas de la intervención policial.

Según su testimonio, tal y como recoge el portal Jaleos, ni siquiera se les ha permitido entrar al recinto para recoger objetos personales, lo que llevó al actor a adoptar una medida extrema: permanecer encadenado frente a la puerta y comenzar una huelga de hambre hasta que se permita reabrir. “La justicia no está de nuestra parte”, decía, pidiendo a sus seguidores que difundieran el vídeo. Las reacciones no tardaron en multiplicarse con mensajes de apoyo y críticas a lo que muchos consideran un cierre desproporcionado.

El proyecto de Hernández y Antón estaba concebido como algo más que un simple bar. Ambos habían hecho de El Cielo un espacio cultural con programación propia, actividades y eventos, intentando que el lugar se convirtiera en un punto de encuentro para la vida social melillense. Para Antón tenía, además, un fuerte significado personal: significaba trabajar en su ciudad natal y contribuir a dinamizarla. Para Hernández, en cambio, suponía consolidar una etapa profesional alejada del plató televisivo, apostando por la hostelería y la producción cultural como nueva vía laboral.

Desde su apertura, la pareja se había implicado directamente en cada aspecto del negocio, desde la carta hasta las actuaciones programadas. Era, en cierto modo, la pieza central de una estrategia de diversificación que Kiko Hernández lleva tiempo persiguiendo, especialmente ahora que su presencia televisiva es menor y busca mantener relación con el público de una manera distinta.

Por ahora, el futuro del local queda en el aire. La clausura supone un golpe duro en plena temporada de eventos y deja en suspenso la continuidad de un proyecto que había sido recibido con mucho entusiasmo por parte de sus seguidores. Habrá que ver si las autoridades explican los motivos de este cierre y si la pareja consigue revertir la situación para seguir adelante con su apuesta empresarial en Melilla.

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