El líder extranjero del que el Emérito habla mal en su libro: "Me trataba de forma imperialista"
En sus memorias Reconciliación, el padre de Felipe VI rompe lanzas con la mayoría de líderes internacionales, limitándose a anécdotas positivas o elogios discretos.

Portada del libro
El libro de memorias de Juan Carlos I tienen especial interés para el público español. A lo largo de sus 500 páginas, el que fuera Jefe del Estado durante 39 años hace un repaso a hitos fundamentales en la Historia reciente de nuestro país: el final del franquismo, la vuelta de los Borbones al trono, la lucha entre padre e hijo por el trono, la Transición o el 23 F. El padre de Felipe VI opina con libertad sobre los diferentes asuntos de la política patria rompiendo su tradicional equidistancia ideológica. El texto nos ofrece juicios personales y políticos sobre figuras como Santiago Carrillo, Francisco Franco o Manuel Fraga, amén de los distintos presidente del Gobierno bajo su reinado (Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy).
Sin embargo, aunque dedica muchas páginas a su papel como ‘vendedor’ de la Marca España en el extranjero son pocos los grandes nombres de la política internacional sobre los que lanza juicios de valor y cuando lo hace es para bien o para relatar alguna anécdota curiosa. Aunque habla de la incomodidad que le supuso que a su ceremonia de entronización acudieran el dictador chileno Augusto Pinochet e Imelda Marcos, la polémica Primera Dama de Filipinas, sin duda, el líder internacional del que peor habla es del expresidente de Francia, Valéry Giscard d'Estaing, que estuvo al frente de la república gala entre 1974 y 1981.
Chismógrafo
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Candela Alba
Para Juan Carlos I fue un éxito que el presidente francés visitar Madrid para una misa en la que se celebraría su llegada al trono. Un acto religiosos semioficial en el que la imagen de figuras extranjeras arrojaba un resultado mucho más democrático y vendible que el del día de su entronización. Ya no había ni rastro de Pinochet o Marcos. En su lugar estaban figuras como Felipe de Edimburgo, esposo de Isabel II, o el propio Giscard d’Estaing. Costó convencer al presidente francés. Fue una labor que realizó el gran ‘embajador’ secreto de Juan Carlos I: Manolo Prado y Colón de Carvajal.
Sin embargo, ya ese primer contacto fue negativo. Según relata Juan Carlos I en Reconciliación, el presidente francés le trató con condescendencia y no estaba seguro que que la monarquía juancarlista durase. Por otro lado, en el citado libro Juan Carlos se explaya largo y tendido sobre las trabas que, según él, puso el francés al proceso democrático en España. Así las cosas, Giscard d’Estaing fue un problema para el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea (hoy Unión Europea) y también para la lucha contra ETA. Recuerda el Emérito en su libro que a finales de los 70, el sur de Francia era poco más o menos que un paraíso para los miembros de la banda terrorista.
Esta situación, al igual que el bloqueo para el ingreso en la UE, cambió cuando en 1981 llegó a la presidencia de Francia el socialista Françoise Mitterrand con el que tuvo mucha mejor conexión el monarca español. La buena sintonía, además, se unió la que el líder francés sentía por el nuevo presidente español, el también socialista Felipe González. Y es que la manía entre Juan Carlos y Giscard d’Estaing a su vez se hizo extensible el entonces presidente español, Adolfo Suárez. Un relato, el del Emérito, que recuerda cómo el factor personal y humano también influye en la política internacional.