Aparecen unas ‘repugnantes’ fotos que Pedro Sánchez quiere enterrar: remate a PSOE y Gobierno
Las redes rescatan imágenes de Santos Cerdán en actitud sospechosa con Adriana Lastra. Exceso de cariño y manos largas que, ahora, cobran un significado tan especial como delicado y preocupante. Señales.

Pedro Sánchez en el acto de 'Avanzando en el Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática'.
En las redes sociales, una foto nunca muere. Y menos cuando resucita en el peor momento posible para el PSOE. Esta semana, una publicación viral de la cuenta @Miss_Bennet5 ha removido el avispero sanchista con dos instantáneas tomadas en las primarias del PSOE de 2017, aquel congreso en el que Pedro Sánchez reconquistó el poder interno tras su derrocamiento. "La verdad es que avisados estábamos. Qué asco y qué mal rollo dan estas imágenes", escribió la usuaria, acompañando el texto con dos fotos que, vistas hoy, resultan inquietantes.
En ambas aparece el mismo hombre: Santos Cerdán, el que fuera secretario de Organización del PSOE y uno de los barones más poderosos de Ferraz, el núcleo duro que sostiene el Gobierno de coalición. En la primera imagen, tomada durante la celebración de la victoria en las primarias, Cerdán abraza por detrás a Adriana Lastra, entonces una de las caras visibles del sanchismo ascendente y afterwards vicesecretaria general del partido. Él, en polo rosa, con las manos en la cintura de ella, sonriendo mientras aplauden. Ella, en un vestido estampado, parece corresponder al entusiasmo colectivo. Pero hoy, esa efusividad se lee de otra manera.
La segunda foto es aún más elocuente: una joven militante, con camiseta blanca y collar rojo, visiblemente incómoda, mientras Santos Cerdán posa con el brazo sobre su hombro y la barbilla casi apoyada en su cabeza. La expresión de la chica habla por sí sola: no hay sonrisa, solo resignación. ¿Quién es ella? Nadie la ha identificado públicamente aún, pero en los comentarios de la publicación viral llueven las especulaciones: "Cuántas tuvieron que aguantar para ascender", "El precio del carnet socialista".
Estas imágenes, inocentes en 2017 para muchos, hoy provocan repelús colectivo. Y no es casualidad: llegan en plena tormenta perfecta de escándalos por acoso sexual que azotan al PSOE y, por extensión, a La Moncloa. El partido que se llena la boca con el "solo sí es sí", que presume de feminismo institucional y que ha hecho de la lucha contra la violencia machista una bandera electoral, se encuentra ahora con un goteo incesante de denuncias internas que revelan una realidad muy distinta.
El epicentro fue el caso Francisco "Paco" Salazar, exasesor de máxima confianza de Pedro Sánchez en Moncloa y uno de los fontaneros del sanchismo desde las primarias de 2017. Salazar, sevillano de 57 años, fue acusado por varias mujeres de comportamientos "vomitivo": desde subirse la bragueta delante de ellas, escenificar felaciones o pedirles que se inclinaran para "ver mejor el escote". El PSOE tardó meses en reaccionar, admitió la "verosimilitud" de las denuncias pero se escudó en excusas burocráticas. El informe interno fue un blanqueo en toda regla, y Salazar sigue sin ser localizado para declarar.

La imagen que inunda las redes sociales y que hablan por sí solas.
Pero Salazar solo abrió la compuerta. Tras él vinieron más: Antonio Navarro, secretario general de Torremolinos, denunciado por tocamientos y comentarios vejatorios. José Tomé, presidente de la diputación de Lugo y referente provincial, señalado por acoso a trabajadoras subordinadas. Un goteo que, según fuentes internas, supera la media docena, afectando desde Ferraz hasta delegaciones territoriales. Ahora se un el caso de Palma de Mallorca.
El "Me Too" socialista ha explotado en el peor momento: con el caso Koldo aún fresco (donde el propio Santos Cerdán aparece señalado por la UCO), y con Pedro Sánchez aferrado al poder mientras sus socios independentistas le aprietan. El presidente, que se fotografió con carteles de "hermana, yo sí te creo", ahora guarda un silencio sepulcral. Ni una palabra de autocritica, ni dimisiones en cascada, solo comunicados tibios y reuniones de urgencia para "reforzar protocolos".
Hipocresía en estado puro. El mismo partido que crucificó a otros por menos, que impulsó leyes para expulsar acosadores de cualquier ámbito, mira ahora hacia otro lado cuando el problema está en casa. Adriana Lastra, que dejó la primera línea política alegando "motivos de salud" en 2022, nunca habló públicamente de aquellas efusivas celebraciones de 2017.
Las redes no perdonan. Y las imágenes, tampoco. Avisados estábamos, sí. El PSOE lleva años vendiendo un feminismo de postureo mientras, en sus entrañas, campeaba la impunidad.