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Laura Escanes hiela la Navidad: nuevos detalles explícitos de abusos sexuales

La influencer se sincera en el podcast Mamá, no veas esto y cuenta lo que sin duda ha sido la experiencia más dura de su vida, siendo adolescente

Laura Escanes, en abril de 2025.

Laura Escanes, en abril de 2025.GTRES

David Lozano
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Hay confesiones que desgarran porque no buscan el titular fácil, sino poner palabra a lo que durante años quedó en silencio y en sombras. Eso es lo que ha hecho Laura Escanes, una de las creadoras de contenidos más seguidas de España, al abrirse con una sinceridad que atraviesa corazones y desmonta prejuicios, tal y como les adelantamos en ESdiario.

En el pódcast Mamá, no veas esto, la influencer catalana relató por primera vez con crudeza cómo fue víctima de un abuso sexual cuando tenía entre 17 y 18 años, un episodio que, confiesa, no llegó a identificar como tal hasta pasado mucho tiempo. “Fui abusada y no lo supe conscientemente hasta años después”, contó, explicando que su mente actuó entonces como mecanismo de defensa para protegerla de un dolor que todavía hoy, décadas después, no ha dejado de marcarla.

Escanes describió con una frase poderosa cómo, al evocar aquel momento, su memoria le retorna una imagen casi cinematográfica: ella, mirando al techo “como si estuviera muerta”, un gesto que, dijo, simboliza la desconexión absoluta que suele acompañar al trauma. “Fue horrible”, dijo con franqueza, y añadió que ese recuerdo no se ha borrado, sino que sigue allí, a veces fragmentado, denso, como si el cuerpo guardara una memoria que el consciente tarda en descifrar.

La persona que la agredió, aclaró Escanes, no era su pareja ni alguien con quien tuviera un vínculo sentimental. Hoy la tiene bloqueada en todas las plataformas y no forma parte de su vida, una decisión personal que, aseguró, no busca justificar ni explicar, sino simplemente constatar. El silencio de entonces —la ausencia de denuncia formal— no es un arrepentimiento, sino una forma de respetar su propio proceso; una decisión íntima que no invalida el dolor vivido.

La confesión de Escanes no se limita a revivir el trauma. También habla de reconocimiento, duelo y liberación. Fue una amiga cercana, una voz externa, quien la ayudó a poner nombre a lo que había ocurrido. Ese acto de reconocimiento —decir en voz alta lo que se calla— se vuelve, para muchas víctimas, el primer paso hacia la reconstrucción de una historia fragmentada.

Su voz, con cierta calma pero con firmeza, alza una verdad que muchas personas conocen en silencio: el abuso no siempre se reconoce de inmediato, la memoria puede nublarse y el cuerpo puede recordar cuando la mente no logra hacerlo con claridad. “No por haber subido a esa habitación era un acto consentido”, afirmó, desmantelando una mirada que durante años la llevó a culparse a sí misma por no “haber sabido escapar”.

Este tipo de testimonios son necesarios porque rompen la idea de que sólo se puede hablar de lo que ocurrió si se reaccionó de forma inmediata o “perfecta”. La realidad es otra: muchas víctimas no saben situar lo que les pasó hasta años más tarde, cuando encuentran un contexto emocional y psicológico que les permite entenderlo.

En una conversación que también tocó otros capítulos de su vida —incluyendo reflexiones sobre relaciones pasadas y su papel como madre— Escanes hizo algo todavía más valiente: no solo narrar lo vivido, sino nombrarlo sin eufemismos ni vergüenzas. Y eso, en un espacio público y mediático, tiene un valor que trasciende las palabras: abre puertas para que otros que guardan silencios similares piensen que, quizá, no están solos. 

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