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Problemas en Casa Real: el desconocido primo del Rey Felipe quiebra su empresa de Madrid

Hablamos de José Miguel Zamoyski y Borbón, heredero de una de las casas nobiliarias más antiguas del viejo continente y familiar directo del actual monarca

José Miguel Zamoyski y Borbón, en una imagen de las redes.

José Miguel Zamoyski y Borbón, en una imagen de las redes.redes sociales

David Lozano
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En el laberinto de la aristocracia europea, donde los apellidos se entretejen con exilios, palacios perdidos y lealtades silenciosas, surge de vez en cuando un nombre que recuerda que la historia no termina con las coronas caídas. José Miguel Zamoyski y Borbón, heredero de una de las casas nobiliarias más antiguas del viejo continente y primo lejano –pero directo– del Rey Felipe VI, acaba de poner punto final a su única incursión empresarial en España. Saryus Fine Arts, la sociedad que fundó en Madrid para tasación y comercialización de obras de arte, ha cesado actividad tras años de resultados modestos y una estructura mínima. Un epílogo discreto, como casi todo en su vida.

Porque José Miguel no es de los que buscan flashes. Hijo del difunto José Zamoyski y Borbón –primo hermano del Rey Juan Carlos I, fallecido en 2010 en El Rocío–, creció en un entorno donde la nobleza se entiende como responsabilidad histórica más que como exhibición. Su linaje polaco-español tiene raíces profundas: su abuela fue la Infanta Isabel Alfonsa de Borbón y Borbón, tercera hija de la Princesa de Asturias María de las Mercedes y nieta de la Reina regente María Cristina.

Tal y como cuenta Vanitatis, una boda boato en el Madrid de 1929 unió a 'Bela' con el conde Jan Zamoyski, y de allí nació una saga marcada por el drama del siglo XX: huida del avance nazi y soviético, exilio forzoso y llegada a Sevilla en 1945 para empezar de cero.

De aquellas penurias quedan símbolos entrañables, como el broche sevillano con el NO8DO que la familia donó décadas después a la Virgen del Rocío, devoción que ha perdurado. Los Zamoyski estuvieron en la boda de Juan Carlos I y Doña Sofía en Atenas en 1962, y el Rey Emérito presidió personalmente el funeral del padre de José Miguel, junto a las infantas Pilar y Margarita. Vínculos reales que no necesitan proclamas.

Formado en un mundo cosmopolita, repartido entre Europa Central y España, José Miguel ha cultivado una pasión genuina por el arte, la historia y la preservación del patrimonio. Su empresa madrileña fue un intento de profesionalizar esa vocación: un puente entre su curiosidad personal y el mercado cultural. No cuajó del todo –cifras humildes, sin gran eco–, pero cierra sin ruido, como abrió.

Hoy, su día a día se inclina hacia lo representativo: vicecomendador del Real Capítulo de Caballeros de la Merced, participa en actos religiosos, visitas culturales y encuentros nobiliarios que le conectan con Polonia y Eslovaquia –donde la familia fue propietaria del castillo de Ľubovňa–. En una rara entrevista, se definió como "una persona muy curiosa, profundamente interesada en el arte, la historia y la preservación de legados familiares". Nada de ostentación, solo continuidad.

En un tiempo donde algunos primos borbónicos optan por la visibilidad mediática o empresarial ruidosa, los Zamoyski representan la otra cara: una aristocracia contemporánea que no reniega de sus raíces pero tampoco las monetiza. Discreta, fiel a la fe y a la memoria. Mientras la monarquía española navega sus propios retos, figuras como José Miguel recuerdan que el ecosistema nobiliario sigue vivo, aunque en voz baja. Un cierre de empresa que, en realidad, abre la puerta a lo esencial: preservar lo que queda de un mundo que ya no existe, pero que aún late.

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