a los 83 años de edad
Adiós a Irene de Grecia: la 'tía pecu' de Felipe VI y discreta confidente de doña Sofía
Nació en el exilio en plena II Guerra Mundial y tras deponerse la monarquía por un referéndum en 1974 se instaló primero en la India y luego en España junto a su hermana la reina consorte de Juan Carlos I.

Doña Sofía e Irene de Grecia en un concierto en diciembre de 2024.
Irene de Grecia y Dinamarca ha fallecido a los 83 años tras varios años de deteriora de la salud. . "Sus majestades los Reyes y su majestad la Reina Doña Sofía lamentan comunicar el fallecimiento de su alteza real la Princesa Irene de Grecia a las 11:40 de hoy en el Palacio de la Zarzuela de Madrid", así lo lo han informado desde la Casa del Rey.
La hermana pequeña de la reina Emérita es uno de esos personajes en la grada de la Historia, que sin ser protagonista en primera línea de los acontecimientos, ha sido una secundaria de lujo. Espectadora de acontecimientos que marcaron un antes y un después.
La princesa Irene de Grecia, una figura reservada y poco conocida, ha sido una constante en la vida de la reina Sofía, su hermana, siempre manteniéndose en un segundo plano. En los últimos años, su nombre apareció vinculado al escándalo de las supuestas tarjetas black de la reina emérita, aunque su discreción ha sido su sello distintivo. Se dice que el círculo íntimo de la reina Sofía es muy reducido, limitado a su prima Tatiana Radziwill y su hermana Irene. Residente en España desde los años ochenta, Irene, princesa de Grecia y Dinamarca, evitaba los actos oficiales. Tenía su propia forma de ver el mundo. Tanto que su sobrinos se referían a ella como 'tía Pecu', por su carácter peculiar.
Nacida el 11 de mayo de 1942 en Sudáfrica, donde sus padres, los reyes Pablo y Federica de Grecia, estaban exiliados durante la Segunda Guerra Mundial, Irene creció bajo la hospitalidad del general Jan Christian Smuts, entonces primer ministro sudafricano. Era la menor de los tres hijos de los monarcas, cuatro años menor que Sofía y dos años menor que Constantino, destinado a ser rey. Esta posición la llevó a mantener un perfil bajo, alejada de la atención mediática.
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En su juventud, Irene mostró un profundo interés por la arqueología, una pasión que compartía con Sofía. Juntas publicaron un libro sobre el tema a finales de los años cincuenta. También amaba la música y, bajo la tutela de la renombrada pianista Gina Bachauer, llegó a ofrecer algunos conciertos. Aunque los críticos destacaban su talento, su madre, la reina Federica, la disuadió de seguir una carrera profesional, considerándola inapropiada para una princesa. Una decisión que, retrospectivamente, parece haber sido un error dado el destino que aguardaba a la familia real griega.
El exilio en la India
En 1967, un golpe militar en Grecia marcó un punto de inflexión. El rey Constantino, que había asumido el trono en 1964, intentó un contragolpe que fracasó, lo que lo llevó al exilio en Roma. Aunque seguía siendo rey nominalmente, en 1973 fue depuesto. Un año después, tras la caída de la dictadura militar, un referéndum consolidó la república en Grecia.

Reina Sofía e Irene de Grecia.
Los republicanos usaron la imagen de la reina Federica, madre de Irene, como símbolo de lo que el país no quería recuperar. Federica e Irene se exiliaron en Madrás, India, mientras Constantino y su esposa, Ana María de Dinamarca, se establecieron en Londres hasta la muerte de él en enero de 2025. Tras el fallecimiento de su madre en 1981, Irene se instaló en España. En 1993, recibió 900.000 euros del gobierno griego como compensación por la confiscación de propiedades familiares, tras una demanda presentada por Constantino ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Desde entonces, Irene ha mantenido una vida discreta, evitando la exposición pública. Conocida cariñosamente como “tía Pecu” por los hijos de los reyes eméritos, solo ha concedido entrevistas para promover sus proyectos benéficos.

Irene de Grecia y doña Sofía
Apasionada por la cultura hindú, Irene fundó y preside la Fundación Mundo en Armonía, una organización sin ánimo de lucro dedicada a causas humanitarias. En 1989, ella misma organizó el traslado de 72 vacas lecheras desde Cantabria a la India en un Boeing, un gesto que refleja su compromiso con sus iniciativas filantrópicas.
Una vida sentimental reservada
La vida amorosa de Irene ha sido tan discreta como el resto de su existencia. En los años sesenta, los medios especularon sobre un posible compromiso con un príncipe alemán, pero nunca se concretó. En los setenta, se rumoreó un romance con Gonzalo de Borbón-Dampierre, primo del rey Juan Carlos I, aunque esta relación no prosperó, en parte por la desaprobación de su hermana Sofía. También se habló de un interés por Jesús Aguirre, pero él optó por casarse con Cayetana de Alba en 1978. En los años ochenta, Irene vivió un romance con Guido Brunner, exembajador alemán en España, relacionado con las comisiones del AVE a Sevilla. Sin embargo, esta relación fue interrumpida, según se dice, por la intervención de Juan Carlos I, quien no la consideraba adecuada.
Hace más de dos décadas, Irene enfrentó un cáncer de mama, del que se recuperó con éxito. Sin embargo, su salud ha presentado otros retos: en 2008, durante una visita a Atenas, sufrió una caída que le provocó una fractura en el pie. La princesa Irene ha sido una figura discreta y leal compañera de la reina Sofía, especialmente en los momentos más difíciles. Su vida, marcada por la discreción y el compromiso, la convirtió en una presencia constante pero silenciosa en el entorno de la familia real española.