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Rahola ridiculiza a Bardem y Penélope Cruz: "Indecentes progres a tiempo parcial"

La exdiputada catalana arremete contra el actor, y otros, y los retrata por la doble moral que tienen a la hora de defender a unas víctimas y olvidarse de otras por intereses partidistas.

Penélope Cruz y Javier Bardem.

Penélope Cruz y Javier Bardem.Europa Press

David Lozano
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Pocas veces una carta abierta ha generado tanta incomodidad dentro de la propia izquierda como la que Pilar Rahola ha dirigido a Javier Bardem a Penélope Cruz y a otros actores, como Angelina Jolie, y a la que ha tenido acceso ESdiario. No es un ajuste de cuentas entre trincheras ideológicas opuestas, sino una impugnación frontal desde dentro, firmada por una intelectual que se reconoce de izquierdas y que, precisamente por eso, no se concede indulgencias. El resultado es un texto de una dureza poco habitual, cargado de nombres propios, silencios denunciados y una acusación central: la izquierda moralista ha perdido el derecho a dar lecciones.

Rahola deja claro desde el inicio que Bardem no es una elección casual. Podría haber señalado a otras estrellas del firmamento progresista o a líderes políticos internacionales, pero el actor español representa como pocos —sostiene— la indecencia de un activismo selectivo, de pancarta fácil y empatía condicionada. Ese Bardem enfundado en camisetas reivindicativas, celebrado como “actor comprometido”, pero solo cuando la causa coincide con su obsesión ideológica: Israel, Estados Unidos, el colonialismo, la derecha. El compromiso, viene a decir Rahola, no es universal, es utilitario.

La carta entra entonces en una sucesión demoledora de ausencias. ¿Dónde estaban cuando Hamás convertía Gaza en una prisión a cielo abierto? ¿Dónde cuando Yemen se desangraba? ¿Dónde cuando Irán financiaba el terror regional o cuando el 7 de octubre familias enteras fueron asesinadas, bebés incluidos? Rahola no se limita a enumerar conflictos: subraya el silencio, ese silencio que considera más elocuente que cualquier discurso. No hubo flotillas, no hubo gritos, no hubo indignación.

Especialmente corrosiva es su crítica al paternalismo de cierta izquierda hacia el islamismo radical y los regímenes teocráticos. Recuerda cómo durante décadas se blanqueó al régimen iraní, se visitó a Jomeini, se aplaudió su “revolución” mientras se encarcelaba a cineastas, se torturaba a estudiantes y se ejecutaba a opositores. Incluso apunta a quienes, desde España, acabaron ejerciendo de altavoces mediáticos del régimen, en una alusión directa a figuras como Pablo Iglesias o a Pedro Sánchez, a quienes también critica en su misiva.

La carta se vuelve aún más incómoda cuando Rahola sitúa el presente: Irán arde, su pueblo se juega la vida en las calles y los grandes referentes del progresismo occidental no están. No hablan, no protestan, no levantan pancartas. Si acaso —ironiza— aparece alguna voz para volver a culpar a Donald Trump o a Israel.

El veredicto final es devastador. Rahola acusa a esta izquierda de haber vaciado de sentido palabras como libertad o derechos humanos, de practicar una doble moral que la convierte en cómplice objetiva de los verdugos. Y remata con una frase que resuena como epitafio político: los Bardem de turno no forman parte de la solución. Forman parte del problema.

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