La grave y preocupante reacción de Andrés Pajares tras la muerte de Fernando Esteso
El fallecimiento de uno de los iconos del cine español del siglo pasado ha dejado marcado a quien fuese su compañero de películas y un amigo íntimo en la vida real.

Andrés Pajares, en febrero de 2023 en Madrid.
Andrés Pajares ha vivido muchas vidas en una sola. Fue el rey del destape, el binguero más famoso del cine español y, para toda una generación, el rostro de una comedia popular que llenaba salas sin pedir permiso a nadie. Pero a sus 85 años, lo que le ha golpeado no tiene nada que ver con la fama, los focos ni los aplausos: tiene que ver con ese tipo de llamadas que congelan el tiempo.
Una llamada. Un nombre. Y una frase imposible de digerir: Fernando Esteso ha muerto.
Pajares se quedó literalmente en shock. No solo por la noticia, sino por la brutalidad con la que llega una despedida así cuando uno cree que todavía queda margen, que todavía hay planes por cumplir, que todavía queda una conversación pendiente. Porque, tal y como confirman desde su entorno, ambos actores tenían previsto verse pronto en Madrid.
Y por eso, cuenta El Español, la reacción del actor ha sido tan estremecedora. No es solo dolor: es incredulidad. Un desconcierto casi infantil. Como si el cerebro se negara a aceptar lo que el mundo ya da por hecho.
“No se cree que su amigo, su alma gemela, se haya ido antes que él”, deslizan desde su círculo más próximo.
Tal y cómo les contaba ESdiario, Fernando Esteso falleció a los 80 años, en un hospital de Valencia, tras complicaciones respiratorias y varios días ingresado. Su deterioro, aseguran, lo conocía únicamente su entorno más íntimo.
De hecho, con este golpe, Pajares queda como el último gran emblema masculino de aquella etapa del cine español —esa comedia irreverente, popular y masiva— que durante los años 60 y 70 se convirtió en fenómeno cultural. Un cine con detractores y defensores, sí, pero con una certeza: arrastraba multitudes.
Pajares y Esteso no fueron un dúo cualquiera. Fueron, durante años, la pareja más rentable de la comedia popular española.
Su última película como protagonistas fue La Lola nos lleva al huerto, bajo la dirección de Mariano Ozores. Décadas más tarde, ambos se reencontraron en un cameo con aroma de homenaje en Torrente 5.
Pero lo importante no estaba solo en el cine. Estaba fuera.
Porque entre ellos no había solo química profesional: había amistad auténtica. Una amistad de las que sobreviven a los egos, a las rachas, a los altibajos, a los silencios y a las distancias. Las familias se trataban como tales. Había comidas, reuniones, hijos que se conocían, confianza real.
Fernando era “uno más” en casa de Andrés. Y Andrés, en la vida de Fernando.
Durante años, ambos mantenían conversaciones constantes por teléfono. Incluso cuando Esteso se trasladó a Valencia para estar cerca de los suyos, la distancia no rompió el hilo. Al contrario: lo reforzó.
Se reían de la muerte. Hablaban de sus achaques. Enumeraban males con humor, con ese sarcasmo que solo usan quienes han vivido mucho y han visto demasiado.
Ahora Pajares se queda con un vacío que no se llena con recuerdos ni con películas. Y su entorno admite que el actor está “muy tocado”, con el ánimo hundido, golpeado por una sensación de soledad que pesa el doble a esa edad.
Andrés Pajares ha expresado su dolor con una frase que resume todo:
“Hoy se ha muerto parte de mi vida, mi hermano, amigo y compañero”.
Y después, el remate emocional:
“Te quiero mucho, Fernando, que Dios te tenga en su gloria”.
Pero hay un detalle que ha generado inquietud: Pajares ha comunicado que no acudirá al último adiós.
No por frialdad. Todo lo contrario.
“No voy a ir, prefiero recordarlo vivo y mando mis condolencias a su familia”, ha asegurado.
En su caso, la ausencia no es indiferencia: es protección. Es la reacción de alguien que no se ve capaz de soportar la imagen final. Que no quiere grabarse en la retina un cierre definitivo. Que prefiere quedarse con el Esteso de siempre: el de la risa, el del escenario, el del abrazo.
A día de hoy, Pajares lleva una vida discreta. Sale poco. Solo para compromisos muy seleccionados. A su lado está Juani, su mujer, su cuidadora, su apoyo total, “sus pies y sus manos”, según la definición que se repite en su entorno.
En cuanto a su salud, quienes lo conocen lo resumen con una frase que parece escrita para él: “Mala salud de hierro”.
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